FERIA DE LA MAGDALENA EN CASTELLÓN José Antonio del Moral

ENCABO PIERDE UNA OPORTUNIDAD CON EL MEJOR LOTE DE UNA MUY DESIGUAL CORRIDA DE PALHA

Castellón de la Plana. 4 de marzo de 2002. Segunda de feria. Tarde nublada y fría con dos tercios de entrada. Seis toros de Palha, muy desiguales de presencia y de juego, destacando por más bravo, noble y repetidor el que abrió plaza. También se movió mucho el cuarto aunque con temperamental embestir. Los restantes se vinieron abajo en la muleta y carecieron de clase. Luis Miguel Encabo (blanco y plata): Estocada muy trasera, ovación al toro y al torero. Dos pinchazos y estocada, silencio. Eduardo Dávila Miura (turmalina y oro): Más de media trasera, tendida y caída con descabello, silencio. Silencio tras frustrado intento de vuelta. Jesús Millán (amapola y oro): Pinchazo hondo y estocada desprendida, vuelta por su cuenta. Pinchazo, estocada y descabello, silencio.

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Cuesta salir de una feria con figuras triunfantes para entrar en otra y ver una corrida con toreros del pelotón. Más, si por medio cabe un largo viaje nocturno con lluvia y nieve que salvamos con la indeclinable ilusión de alcanzar el casi siempre mejor y más benigno clima levantino donde nos aguardan muchas corridas con sobrados alicientes y, este año, con la Magdalena por delante de las Fallas, lo que supone mayor beneficio para las jornadas de Castellón porque cuando su feria va detrás de la fallera, los toreros no suelen mostrarse tan dispuestos. Por eso me chocó ver tan bajos de forma y de fondo a Luis Miguel Encabo, a Dávila Miura y más a Jesús Millán, triunfador en la edición pasada y ayer muy poco fino y sin el sitio ni las ganas sobradas que anunciaba cuando le vimos torear por primera vez en su tierra aragonesa.

Para la ocasión y como mayor acicate para los aficionados, una corrida portuguesa de Palha con el imborrable recuerdo del gran juego que estos toros dieron aquí mismo el año pasado. Recuerdo que se hizo muy presente cuando saltó el primero y, desde ese mismo instante hasta morir, no paró de embestir incansable y repetidor. Y ante tan favorable oportunidad, Luis Miguel Encabo a quien admiro por sus dotes lidiadoras y por su torería de escuela. Lo evidenció con el capote en el recibo por verónicas en las que ganó terreno aunque echando el paso atrás y en un bonito galleo por chicuelinas para llevar el toro hasta el caballo, tomando un puyazo de campeonato que quizá no fue suficiente por lo que ocurrió después: que tras banderillear Encabo con simple facilidad, el bicho se fue muy arriba y, aunque el matador madrileño pareció dispuesto a someterlo antes de torearlo, consiguió varias tandas más que aceptables con la mano derecha hasta que, al echarse la muleta a la zurda y citar para un natural, sufrió un colada, desistió de inmediato, volvió a derechas ya sin reposo y lo que se presentaba como ocasión de triunfo seguro acabó en simple ovación, por cierto más tibia que la que el público dedicó al bravo animal. Peor por temperamental y algo descompuesto pero también más que posible resultó el cuarto. Y con este, Encabo no fue capaz de templar como requería el punteo del toro y, además, se le notó demasiado cauto al entrarlo a matar. Total, que se le fue la tarde a Luis Miguel y nos llevamos un disgusto.

Con mayor circunspección vimos lidiar, bastante mal por cierto, los otro cuatro toros que aunque dieron menos facilidades que los reseñados, dejaron en evidencia la vulgaridad de Dávila y el no buen momento de Millán. El sevillano se perdió en un mar de intentos y el maño en un quiero y no puedo aunque con bastante más fibra y mejores maneras - tres buenos naturales y el de pecho mas un par de circulares fue lo más notable de su imprecisa y desigual faena al tercero - que el nieto del mítico ganadero. Otro día será y ojalá que sea hoy mismo con el hijo de Manzanares que trae al todo el toreo de cabeza tras su gran triunfo de anteayer en Olivenza.