LA RESACA José Antonio del Moral

LA SUERTE

La suerte en una de las claves que define a cada torero y quien más goza de ella se beneficia, aparte las cualidades que atesore. Pero cuando se presenta y en vez de aprovecharla se dilapida, llega el llanto. Ayer fue tarde de nueve bolas en el bombo, con dos blancas y siete negras que se repartieron como siempre ocurre en lotería. La encontraron Punta y "El Cid" y ambos perdieron la ocasión de triunfar como necesitaban. Punta, clamorosamente, porque su segundo toro fue uno de esos que llaman de cortijo. Aunque anduvo bien, se contentó con torearlo sin apasionarse con su propia obra. No se "vino" ni se "fue" al compás de las maravillosas embestidas de su oponente al que trató como si fuera un toro más. Y "El Cid", sin duda más emocionado consigo mismo y por ello más capaz de trasmitir al tendido lo que de bueno hizo con capote y muleta, falló a espadas perdiendo el título que define su difícil profesión, el de matador de toros. "El Cid" que físicamente se parece más al hijo de Drácula que a un torero, tiene que mejorar su imagen porque le sobran cualidades para ser alguien en esto. Y es que su mala-buena suerte conviven en su persona y ha de esforzarse por cambiar el predominio de la que le favorece sobre el de que le perjudica.

Antonio Barrera, en cambio, y a pesar de no contar con suerte alguna en su lote, la buscó con ahínco, se la jugó de verdad e hizo la de matar como Dios manda. Hizo, pues, la suerte sin tenerla. Habrá que verle más. Tiene apoderados de tronío y seguro que dará muchas ocasiones de que afilemos más el juicio sobre su futuro