LA RESACA José Antonio del Moral
HARTURA DE LA FERIA DE SEVILLA
Por primera vez en mi vida y aunque nos esperan las casi siempre insufribles corridas isidriles de Madrid que duran todo un mes, no he sentido ninguna pena al abandonar la Maestranza. El tostón ha sido de campeonato y en la ciudad bética no se habla de otra cosa. Todo el mundo se lamenta y los aficionados esperan alguna explicación. La empresa debería dar la cara y anunciar medidas drásticas. También los maestrantes quienes, por pura coherencia, lo deben exigir inexcusablemente. A lo hecho, pecho. Urge invertir más en la materia prima porque en el afán de ganar dinero - se han logrado llenos o casi llenos en todos los festejos en su mayoría confeccionados con un torero del primer nivel y dos del segundo cuando no del tercero o del cuarto - imagino que el ganado que han traído no ha sido precisamente el más caro que había en el campo. A parir del próximo año, la empresa deberá elegir lo mejor de la cabecera de cada camada y ser más previsora. Al menos tres o cuatro corridas de reserva para remediar posibles desaguisados en los reconocimientos. Y es que las autoridades tampoco deben irse de rositas porque están demasiado acostumbrados a imponer caprichosamente sus criterios sin ninguna responsabilidad. El mundo profesional también tiene derecho a defenderse y todavía nadie ha se ha tomado en serio la posibilidad de que los presidentes y veterinarios puedan ser castigados cuando se equivocan y se equivocan mucho.
Los pocos aficionados que quedan, también deberían intentar que predomine su opinión sobre la de la masa cambiante que cada tarde inunda los tendidos de La Maestranza. La educación taurina de la plaza está bajo mínimos y el guirigay de la prensa supuestamente especializada tampoco contribuye a la formación de los más jóvenes.