LA RESACA José Antonio del Moral

DIGNIDAD

Tras varios días de lamentos, la dignidad de toreo se hizo presente y más la verdad que sostiene a la Fiesta. La verdad de la sangre en tarde oro, seda y sol. La verdad de cuantos se ponen delante de los toros, dispuestos a inmolarse en pos se su difícil arte. Ortega Cano buscó su dignidad perdida y la volvió a encontrar a costa de una terrible voltereta que puede ser la última que padezca en los ruedos. Enrique Ponce - malaya la suerte que le persigue en esta Maestranza - la mantuvo en una demostración de vergüenza torera y, sobre todo, haciendo alarde de señorío y de calma después de recibir una cornada que, por ahora, es la más grande y grave que ha recibido en su vida. Y Manuel Caballero, hecho cargo de tan inesperado y doloroso compromiso, también sostuvo su particular dignidad por como aceptó y resolvió la lidia de cuatro ejemplares con los que podría haber redondeado un triunfo de clamor que, por causas ajenas y propias, no logró aunque dejó en alto su pabellón de gran profesional.

Pero entre los tres, me detengo hoy con Ponce por ser quien es, el torero con la carrera más brillante de la historia, y por lo mucho que deseaban sus detractores este percance. Muchas veces he oído decir que no había derecho a que Ponce no le hirieran nunca los toros. Bueno, pues ya le tienen ustedes en la cama y con apariencia de un ser mortal. Solo dos cornadas sin importancia había padecido el de Chiva, la que recibió en la plaza México el día de la confirmación de su alternativa en 1992 y otra en agosto del siguiente año en Cieza (Murcia). Hasta la de ayer, pues, ocho años seguidos sin visitar la enfermería pese a las bastante más de cien corridas por temporada que el año pasado alcanzaron las 10 consecutivas. No es de chocar, entonces, que Ponce haya provocado tanto odio y envidia a sus numerosos enemigos, casi todos partidarios acérrimnos de sus "víctimas" profesionales. Los de "Joselito", muy especialmente, y ahora los de José Tomás, no podrán perdonar nunca a Ponce que se mantenga en el pináculo del torero y que sus toreros no hayan podido con él, sino al contrario. Ponce les ha dado tantos baños y tan oceánicos, que cada vez que torea con ellos, no faltan los que intentan reventar sus actuaciones. Anteayer mismo en La Maestranza le gritaron lo del "pico". A las 24 horas y después la cogida, alguien le gritó al verle cojear: "Ponce, deja de trabajarte la comedia". Y es que el energúmeno, como todos lo que allí estábamos, no pudo darse cuenta de la extensión ni de la gravedad de la herida que llevaba. Solo el propio torero, en voz baja y sin hacer aspavientos de ninguna clase, lo comentó a su apoderado de siempre Juan Ruiz Palomares, a su fiel mozo de espadas Franklin Gutiérrez y a sus peones Mariano de la Viña y Antonio Tejero cuando mientras exploraban el pequeño agujero que rompía la taleguilla le dijeron: "Solo es un puntazo". "No creáis, llevo una cornada dentro y es grande", contestó. E inmediatamente salió hasta el tercio para corresponder a cuantos le aplaudían, inclinó su cabeza en gesto de respeto al presidente y, sin dar la más mínima impresión de ir gravemente herido, se puso en las manos de Ramón Vila.