LOS TOROS EN INVIERNO José Antonio del Moral

PONCE PINCHO UNA GRAN FAENA EN LA CAPITAL DE YUCATAN

México.- Mérida es una ciudad maravillosa. Su avenida principal de Montejo, llena de viejos palacios nos lleva al casco antiguo en donde sus calles estrechas nos recuerdan las de los grandes pueblos marineros de Cádiz. Fachadas encaladas y balcones bajos enrejados como los de la Isla de San Fernando o El Puerto de Santa María. El tremendo calor del trópico obliga al recorrido nocturno, justo en el momento que los habitantes inundan terrazas, comercios y espectáculos callejeros. Asistimos a una sesión del Ballet Folklórico Nacional de la Universidad de Yucatán, celebrada al aire libre del precioso patio principal de su sede. Fantástico espectáculo por la calidad y la energía de los bailarines, alumnos de varias carreras, acompañados de un mariachi de lujo. Una jornada y media inolvidable en la que para ver una corrida de toros en la que se presento Enrique Ponce aprovechamos para visitar la hermosa ciudad y, sobre todo, las impresionantes ruinas mayas de Chichenitza. Realmente mereció la pena madrugar para no perder esta oportunidad dorada a 1500 kilómetros del D.F., pero el motivo principal era el taurino. Lamentablemente, el viejo coso de Mérida que la prensa local canta como escenario con mucha solera, no pasa de gran corralón desvencijado, mal pintado y polvoriento. Una ruina de plaza que otrora vio torear a las mas grandes figuras del toreo desde Manolete a Paquirri y en donde la afición ha ido poco a poco perdiendo la costumbre de ver torear a los mejores. En esta ocasión fue Enrique Ponce el elegido para debutar y la verdad es que lo hizo con una gran faena frente al toro que bario la corrida. Un animal de Francisco Torres, procedencia Garfias, tan noble como rajado. Ponce toreo con enjundia e intensidad entre los olés de los no mas de dos tercios de plaza cubierta, pero al refugiarse el bicho en tablas, pincho antes de agarrar una estocada muy caída. Solo hubo saludos aunque muchos intentaron que diera la vuelta al ruedo. El resto del festejo, salvo las muchas ganas de Leopoldo Casasola, no tuvo mayor interés. Los toros del tal Torres, una escalera impresentable, no dieron oportunidad alguna. Ni a Ponce le valió el cuarto. Alfredo Ríos El Conde, diestro tapatio de Jalisco, dio un recital de vulgaridad salvándose con los palos. Y el mencionado Casasola que cada día se afirma como la mas clara de las ultimas promesas, tuvo que matar un sobrero casi morucho en sexto lugar por la extraña muerte del que iba a lidiarse en turno de los anunciados. Se la jugo Casasola pero no pudo repetir el limitado éxito anterior, la única oreja de la tarde. Hoy confirma la alternativa Paco Ojeda a sus 48 anos (récord de vejez para doctorarse en la Monumental México - a quien casi nadie conoce ni recuerda aquí salvo por una bochornosa presentación en Querétaro en 1983 por lo que la empresa ha tenido que desplegar un sinfín de comparecencias ante los micrófonos y las cámaras de televisión. Ojeda llamó mas la atención por su impropia vestimenta que por lo que dijo, aunque anuncio que ya estaba contratado para actuar el Domingo de Resurrección en Sevilla y que pensaba torear 40 corridas en las ferias importantes de Europa.

Veremos...