TEMPORADA 2001 José Antonio del Moral
ENRIQUE PONCE DE LO HUMANO A LO DIVINO, HONDA FAENA DE "MORANTE" Y DOS ARRIMONES DE "EL JULI" CON UNA MUY PICANTE CORRIDA DE JUAN PEDRO EN OLIVENZA
Olivenza (Badajoz).- Festejo aplazado desde el 4 de marzo. Tarde radiante y lleno total. Seis toros de Juan Pedro Domecq con bellas hechuras y en tipo. Primero muy bravo, sueltón y finalmente bravo el cuarto. Quinto muy noble y humillado aunque tardo. Segundo, tercero y sexto sacaron genio. Enrique Ponce (amapola y oro): Pinchazo y más de media, ovación. Gran estocada, dos orejas. Salió a hombros. Morante de la Puebla (nazareno y oro): Pinchazo, otro muy tendido y descabello, palmas. Pinchazo y estocada, aviso y oreja. El Juli (burdeos y oro): Pinchazo y estocada atravesada que hace guardia, palmas. Pinchazo hondo tendido y cuatro descabellos, aviso y gran ovación.
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Salió el primer toro y Enrique Ponce lo templó con su capote en un recibo por verónicas, chicuelinas, dos medias y revolera. Normal. El animal tenía fijeza, bravura, prontitud e iba largo. Se presagiaba la gran faena y el mismo Ponce la brindó al público. Pero no llegó. Fue insólito ver a Enrique frente a un animal tan bravo que, por no sometido en los muletazos iniciales, tomó a su aire casi todos los demás hasta incluso desarmar dos veces al torero. Total, que se le fue el toro al maestro, nunca a gusto durante la faena y simplemente aplaudido tras matar. Un Ponce humano y por ello limitado. Los dos toros siguientes también tuvieron movilidad pero sacaron genio y guasa. Morante y "El Juli" afrontaron la papeleta con el ánimo que corresponde a cada cual. El sevillano desconfiado; "El Juli" a por todas, como siempre; y ambos mal con la espada. La primera parte del festejo no podía ser más decepcionante.
Y salió el cuatro. Un preciso castaño bien puesto de pitones. Muy suelto de salida, se fue del capote de Ponce en su intento de fijarle repetidamente hasta el punto de obligarle a bregar personalmente durante el tercio de banderillas, lo que hizo con ejemplar maestría. En el fondo debió gustarle este toro al gran torero, decidido a remediar por lo grande su fiasco anterior. No brindó la faena pero la inició como Dios manda. Muy, muy por bajo rodilla en tierra en tres doblones que sometieron completamente al animal. Y enseguida los redondos en sucesivas tandas que fueron progresando en hondura, largura, ligazón y belleza. Por naturales mejor porque desde el año pasado Ponce torea con la izquierda maravillosamente. Y los de pecho, las flores, las trincheras rematados hasta el infinito. Cuando parecía que la faena tocaba a su fin, Ponce se separó del animal y lo citó de largo para unos ayudados por alto finísimos y otros por bajo y cambiados de su más cara especialidad que abrocharon la faena mientras el público aclamaba en pie al torero. Toda la obra la llevó a cabo Ponce en los medios sobre la raya que separaba el sol de la sombra por lo que su foco luminoso y el cambiante colorismo adornó aun más la obra perfecta. Si la otra faena había sido la de un torero humano, esta fue la de un divino en la plenitud de su arte. La clausuró con una gran estocada en los terrenos de sombra a donde Ponce se llevó al toro porque el sol le deslumbró al perfilarse por primera vez. Rodó el toro pronto y se nevó la plaza de pañuelos mientras se oyó una voz: "! Sigues siendo el mejor !".
La tarde tuvo un epílogo de cante grande con Morante, soberbio a la verónica en un quite y más verdad que nunca por redondos y naturales con el quinto que, por tardo, le dejó colocarse siempre bien y, por muy humillado en su embestir, le permitió hundirse hasta el fondo de su alma. Se equivocó al intentarlo matar en la suerte de recibir y hubo de hacerlo con el toro ya descolgado a volapié. El pinchazo le privó de una segunda oreja y de salir a hombros junto a Ponce. Cuestión que obsesionó a "El Juli", finalmente arrebatado hasta la desesperación para lograrlo como fuera. Las dos largas de rodillas y el quite por "lopecinas" fue lo mejor. Y su raza, su valor para sacar algo de la nada, la demostración de su inigualable sentido del honor. También perdió trofeos con la espada.