TEMPORADA 2001 José Antonio del Moral
"EL JULI" COLOSAL Y A HOMBROS JUNTO A UN PONCE SINFÓNICO EN EL LXXXI ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE "GALLITO" EN TALAVERA DE LA REINA
Plaza de Talavera de la Reina. 16 de mayo 2001. Segunda de su feria. Tarde relativamente calurosa y casi lleno. Seis toros de "Zalduendo", muy terciados y sin cara los tres primeros y otros tres con bastante más cuajo y pitones. Todos nobles en distintos grados de fuerza y de casta, resultando el mejor por más bravo y con más raza el tercero, muy noble el cuarto y con mucha clase tras ser sometido el quinto al que se le dio la vuelta al ruedo más por el conjunto de la corrida que por merecimiento. Curro Vázquez (nazareno y oro): Tres pinchazos, silencio. Tres pinchazos y estocada baja, pitos. Enrique Ponce (marfil y oro): Estocada trasera y caída, oreja. Dos pinchazos y buena estocada, aviso y oreja. "El Juli" (turquesa y oro): Estoconazo volcándose, dos orejas. Media estocada caída, dos orejas. Ponce y "El Juli" salieron a hombros junto al mayoral de la ganadería.
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Cuando salimos de la plaza de Talavera nos enteramos de que en Las Ventas había cortado un par de orejas el valiente novillero salmantino Javier Valverde, lo que celebramos tras varios días de aburrimiento isidril, pero a ninguno de los presentes en la corrida de la preciosa ciudad toledana nos importó habérnoslo perdido. Y es que acabábamos de presenciar dos excepcionales actuaciones de "El Juli" y de Enrique Ponce con una corrida también extraordinaria de "Zalduendo". Felicitemos en primer lugar al ganadero Fernando Domecq que tuvo el gesto elegante de marcharse de la plaza antes de que "El Juli" paseara las dos orejas que le cortó al sexto toro para dejar a su mayoral que compartiera la salida a hombros con los triunfadores. Dejando aparte resultados, el LXXXI aniversario de la muerte de "Gallito" lo celebraron por todo lo alto los dos toreros que más han seguido la impar estela del gran torero de Gelves.
Cada día que pasa "El Juli" está mejor. A su acostumbrada entrega e infinita capacidad añade progresos técnicos y artísticos que le están conviertiendo en el gran "monstruo" del toreo contemporáneo. Curro Vázquez se había lucido con hermosas verónicas en el recibo del primero con el que no logró acoplarse de muleta por su desconfianza ante la falta de fuerza del torillo y su embestir rebrincado. Ponce había cortado una primera oreja de regalo tras una faena de más a muy menos a medida que el segundo toro fue perdiendo gas. Y en estas saltó a la arena otro toro terciado pero bravo de los de verdad. Encastado, enrazado, noble y repetidor hasta el fin de una labor redonda e intensa que contemplamos entusiasmados. Desde los lances de recibo a los que siguieron un quite por navarras y tafalleras y tres soberbios pares de banderillas, hasta la portentosa faena de muleta y la estocada monumental, "El Juli" demostró por qué es la primerísima figura del toreo presente. Pocas veces he visto ligar tanto y mejor una obra muletera en tan corto espacio de terreno y de tan larga duración. La sucesión ininterrumpida de suertes naturales y cambiadas que cosió intercalando adornos pareció un solo muletazo eterno. Y la estocada que reventó al toro para asegurar el triunfo a costa de recibir un serio golpe en el vientre, digna de quien porta la antorcha olímpica del toreo en los principios del siglo XXI. No me explico por qué no se concedió a "El Juli" un rabo ni que la presidencia se negara a dar la vuelta al ruedo al toro.
Pero ahí no se acabó la cosa. A tan bravo animal le sucedieron otros dos con no tantos bríos pero con tanta nobleza como su hermano de camada. El cuarto fue lamentablemente desperdiciado por Curro Vazquez y el quino lo cuajó Ponce como respuesta a "El Juli" con una faena sinfónica en la que el valenciano empezó por someter por bajo al bicho hasta hacerse el amo de sus en principio rebrincadas embestidas hasta gustarse tanto que, una vez concluida la primera parte y dejar de tocar la música, el mismo torero pidió a la banda otro pasodoble para que amenizara los muletazos más perfectos, más lentos y mecidos que hayamos tenido ocasión de ver a maestro de Chiva. Es cierto que Ponce no está en la guerra porque ya ha cruzado el río y no tiene necesidad de conquistar nada, pero no lo es menos que atraviesa el momento más dulce de su carrera y que de ninguna manera está dispuesto a quedar en segundo plano. Muy al contrario, en cuanto le sale un toro bueno lo torea para su propia satisfacción quintuplicando sus cualidades artísticas que sublima hasta grados incalificables por su estar ante el toro, por su toreo excelso, por su andar por la plaza y por el recreo elegantísimo del interprete con su propia obra. Habían transcurrido más de los quince minutos preceptivos cuando se perfiló para entrar a matar y a nadie le importó el tardío aviso ni los dos pinchazos previos a la estocada definitiva. Ni siquiera la oreja que se le concedió. La gente había contemplado en pie la faena y en pie continuó mientras Ponce paseó el anillo tan despacio como había toreado.
"El Juli" felicitó a Ponce al regresar al burladero de matadores - "has estado perfecto" le dijo abrazándole - y en un no va más se dispuso a contestar a su veterano rival con una demostración inaudita de entrega y de calma. Hasta un quite por chiculinas de rodillas hizo Julián - nunca lo habíamos visto - antes de poner otra vez la plaza boca abajo con una faena de corte ojedista en la que dentro del terreno del toro rizó el rizo por lentos redondos y naturales a la par esculturales y angustiosos. ! Cómo íbamos a lamentar haber salido por un día de Madrid !.