TEMPORDA 2001 José Antonio del Moral
RUIZ PALOMARES, MANOLO TORNAY Y ROBERTO ESPINOSA DAN EL CAMPANAZO AL ANUNCIAR POR SORPRESA EL FINAL DE SU GESTIÓN AL FRENTE DE LA PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
El apoderado de Enrique Ponce, Juan Ruiz Palomares, y el ganadero y hombre de negocios Manuel Tornay, actuales empresarios de la plaza de toros de Valencia venían rumiando desde Fallas la conveniencia de renunciar al año de prórroga que les hubiera permitido seguir gestionando el coso de la calle Xátiva durante la temporada de 2002 conforme a lo estipulado por contrato de arrendamiento según el pliego de condiciones redactado en su día. Aunque nunca se ha hablado de que fue la propia Diputación, propietaria de la plaza, la que pidió a Ruiz Palomares que llevara a cabo esta gestión tras la desastrosa etapa anterior, la verdad es que así fue. Eduardo Zaplana sabía que los únicos capaces de levantar el prestigio del histórico ruedo eran los hombres del entorno de Ponce y una vez cubiertos los siempre polémicos trámites del concurso convocado al efecto, los mencionados se hicieron cargo del difícil entuerto tras ofrecer la mayoría del accionariado a Roberto Espinosa que ya había sido empresario de otras plazas importantes, cuestión que imponía el citado pliego a los concursantes. No se le escapaba a la Diputación que dada la gran influencia y el poder de Ponce, los ganaderos y matadores afectados por la situación anterior no pondrían pegas a la nueva empresa y el caso fue que la plaza de Valencia recobró la confianza de los aficionados. La promoción y venta entradas se llevó a la práctica con atención personal con toda clase de facilidades y los abonados pasaron de menos de 1000 a los 5000 alcanzados en las pasadas Fallas, feria potenciada como principal de cada temporada al tiempo de reducir el número de festejos de la Feria de Julio en consonancia a la menor demanda que desde hacía tiempo venía produciéndose inexorablemente. Los llenos absolutos y los éxitos en las corridas más importantes de ambos ciclos se repitieron y el ambiente taurino se fue arriba. Tanto que, una plaza habitualmente conflictiva y muchas veces desastrosa respecto al ganado, fue poco a poco limando aristas y problemas con autoridades y veterinarios hasta el punto de que con esta empresa y, al contrario de lo que venía sucediendo, todos los sorteos terminaron a la hora debida y la mayoría de las corridas anunciadas se lidiaron sin remiendos. Labor que es justo decir se debe a la capacidad diplomática, a la discreción, a la paciencia infinita y a los conocimientos de Manuel Tornay Maldonado, hombre voluntariamente alejado de relumbrones que siempre quiso actuar en la sombra y a quien el mundo taurino de Valencia nunca podrá pagar cuanto ha luchado y conseguido en este aspecto.
Pero aunque en los tres primeros años de gestión todo fueron plácemes y enhorabuenas, pronto empezaron a crearles problemas inexistentes con una campaña a la contra que ha terminado por hartar a los últimos responsables de esta plaza, otra vez centro de polémicas injustificadas y última razón de un portazo que deja sin argumentos a los detractores. La siempre dividida prensa taurina de Valencia, sucesiva y sistemáticamente a favor o en contra de unos u otros gestores ha vuelto a ser la gran culpable de una situación otra vez límite en la que, para colmo, Enrique Ponce aparece como pararrayos de todos los males. Aunque parezca increíble, a Ponce le achacan haber sido partícipe del negocio empresarial de su apoderado e inspirador de los contratiempos. Una mentira maliciosa que ha puesto a gran parte de la afición valenciana en contra de la única gran figura que ha dado la región en toda la historia.