LA ACTUALIDAD TAURINA EN ESPAÑA José Antonio del Moral

BENÉVOLA PUERTA DEL PRÍNCIPE PARA JOSÉ TOMÁS EN LA CORRIDA DEL DOMINGO DE RESURRECCIÓN DE SEVILLA

Con la ayuda de centenares de madrileños llegados a Sevilla para la ocasión, la "tomatosis" contagió la Maestranza en el siempre maravilloso Domingo de Resurrección y, consecuentemente, José Tomás abrió la desde hace tiempo conflictiva Puerta del Príncipe tras una buena aunque discutible actuación, en absoluto merecedora de tan alto honor. Expliquemos por qué.

Con su primer toro de "Torrealta", segundo de la tarde y noble por los dos pitones hasta decir basta, solo uno de los seis lances de recibo fue verdaderamente bueno a la verónica. Desigual en el quite con magnífica réplica de "El Juli" por templadas gaoneras, Tomás inició la faena citando con la derecha desde fuera de las rayas y el toro en tablas completando tres tandas ligadas en redondo tan limpias como rápidas y faltas garra, seguidas de otras tres por naturales piejuntistas, estoicos pero deslavazados a los que sucedió un ramillete de enjundiosos ayudados, bellas trincheras y una estocada tendida y desprendida que necesitó el refrendo del descabello. La música solo arrancó al final de esta faena y la oreja, tibiamente pedida, la paseó al madrileño sin batir unánime de palmas, quizá porque la gente esperaba mucho más del torero, esta vez muy fácil y suelto pero en nada inquietante porque no tuvo necesidad de extremar la cercanía ni de jugarse un alamar. La lidia del cuarto, suelto en los capotazos iniciales y defendiéndose en varas, no presagiaba ningún acontecimiento. Ni siquiera en quites pudo lucirse Tomas - lo hizo con más eco en los dos toros de Espartaco, primero por chicuelinas atropelladas y después por ajustados lances de frente por detrás que fue lo mejor de su actuación- y menos en la muy larga labor de acople que prologó el segundo trasteo, con enganchones y pases vulgares hasta que tras no lograr nada serio con la izquierda y, una vez encontrada la media distancia que el animal pedía, surgieron por fin los mejores muletazos que es capaz de enjaretar este torero con la mano diestra, momento en el que rompió la obra y el ambiente a más caliente hasta desembocar en inexplicable apoteosis cuando pegó cuatro manoletinas, interpretadas con enorme ajuste pero, al fin y al cabo, manoletinas. Suerte de adorno que hasta hace muy poco tiempo no era admitido por los aficionados. Otro espadazo tendido que tuvo efectos rápidos fue el detonante de la algarabía que suele presagiar la posibilidad del triunfo total y, desbordada la petición del segundo trofeo para que sumara los tres preceptivos, fue generosamente concedido por el señor Teja, famoso en facilitar salidas por la otrora mítica Puerta en situaciones similares, mientras los espectadores más sensatos se hacían cruces por el dispendio. Ante este artificioso triunfo de Tomás, me explico que no quiera la televisión por testigo. De haberse transmitido el festejo, muchos se habrían frotado los ojos en sus domicilios para creer lo que estaban viendo.

En el polo opuesto, por peor suerte con sus dos toros - el lote malo del estupendo encierro de "Torrealta" - y en la situación de competir a cara de perro con tan favorecido contrincante, "El Juli" le echó más arrestos que nunca en los recibos a porta gayola, inmediatas y muy ceñidas verónicas de gran traza y temple que provocaron música, respectivos quites con la vistosidad y varierad que le caracterizan, sendas intervenciones con las banderillas en las que El Juli se asomó al balcón como no le habíamos visto ni en sus anteriores mejores ocasiones y dos trasteos muy a menos por que sus dos toros se vinieron abajo en la muleta. El del tercer toro, buscando la cercanía angustiosa sin demasiados resultados y el del sexto aun más deslucido pues el animal llegó casi parado a la muleta. De pinchazo y estocada mató El Juli a sus dos toros sin que faltaran inoportunos e injustos pitos de algunos embajadores contrarios en el intento de paliar cualquier respuesta.

En el fiel de la balanza, Espartaco dio un recital de temple con sus dos toros. Muy bien con el que abrió plaza. Relajado, cadencioso, reunido, rematado. Pero falló con la espada y se le fue la oreja. La ganó en el toro con más clase de la tarde gracias a un estoconazo contundente tras muy larga y desigual faena que inició con la derecha como en sus mejores tiempos en soberbia tanda y prosiguió en menor tono por citar casi siempre descruzado y tan por las afueras que aquello no podía tener el eco que Espartaco ansiaba para finalmente retomar mejor colocación por largos naturales que cosió a también largos de pecho.