TEMPORADA 2001 José Antonio del Moral
FAENA IMPERIAL DE ENRIQUE PONCE Y TRIUNFO PRINCIPESCO DE "EL JULI" EN EL COLISEO ROMANO DE ARLES AZOTADO POR EL VIENTO Y LLENO HASTA LOS TOPES
Coliseo de Arles (Francia). 13 de abril. Primera de la Feria de Pascua. Inclemente viento "mistral" y frío con lleno hasta las nubes. Seis toros de Victoriano del Río, muy bien presentados y de juego desigual. Salvo el que abrió plaza, corto y avisado por los dos pitones, bravos en distintos grados de nobleza destacando la dulzura del tercero, la importante transmisión del cuarto aunque le costó arrancarse y la encastada bondad del sexto. Enrique Ponce (marfil y oro): Tendida atravesada y cuatro descabellos, silencio tras ser pitado el toro en su arrastre. Gran estocada y descabello, aviso y oreja con vuelta clamorosa. "El Juli" (verde pistacho y azabache): Tres pinchazos yéndose y dos descabellos, gran ovación. Estoconazo, dos orejas y posterior salida a hombros. Juan Bautista Jalabert (negro y oro): Metisaca en el chaleco, estocada y dos descabellos, palmas e intento frustrado de vuelta. Estocada, oreja. Magnífico en varas Antonio Saavedra.
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Ni los más optimistas daban un duro por la corrida pese a la extraordinaria expectación que había levantado en la afición de Francia. Por cierto, de excelente comportamiento y hasta exquisita sensibilidad para apreciar cuanto pudimos contemplar porque el caso fue que los toreros acertaron a refugiarse para torear en el sector del ruedo que menos soplaba el endemoniado mistral y a, la postre, fuimos testigos de dos faenas cumbre de distinto calado y convicción. La que Enrique Ponce le hizo al cuarto y la de "El Juli" al quinto. La del valenciano tuvo carácter imperial, muy a tono con el escenario y con la nueva dimensión artística que el gran torero ha adquirido en su madurez profesional. Revestido de pontifical por fuera y por dentro, la inteligente por bien medida lidia que dio a este imponente animal pese a su potente espectacularidad en varas - fue emocionante el derribo en la primera y como Saavedra sujetó descabalgado al animal sin quitarle la puya mientras coleaba "El Juli" para sacarlo de su presa - y la obra muletera que siguió tuvieron usía. Muy centrado el matador y seguro de lo que haría con el toro, entendió inmediatamente que iba mejor de largo que en corto, lo templó milimétricamente siempre cruzado y firme, lo embarcó con mimo y a la vez con poder y fue desparramando lentamente muletazo a muletazo, primero de uno en uno y, una vez embelesado el bicho, en series ligadas hasta redondear un trasteo excepcional en el que la técnica y el valor fueron tapados por la majestad y el señorío del maestro. Ni una duda, ni un paso en falso, ni un enganchón. La perfecta obra poncista fue contemplada con profundo respeto y paladeada tramo a tramo por su pureza y pausado desarrollo. Amorcillado el toro tras la estocada, tardó en morir por lo que hubo que utilizar el descabello, única razón que explica la no concesión de la segunda oreja compensada con una vuelta al ruedo que Ponce dio con orgullosa parsimonia, como si fuera el mismísimo Cesar Augusto vitoreado en sus dominios al regresar de otra victoria.
La de "El Juli", aparte sus acostumbrados efluvios creativos y su envidiable entusiasmo en todos los tercios, fue la respuesta del "príncipe" a lo que el "emperador" acababa de hacer. Pues una vez acoplado con el no tan buen toro quinto, se metió completamente en su terreno y citando angustiosamente en corto se sacó al bicho por limpios, lentos y largos naturales y redondos que cosió haciendo el ocho sin moverse en sobredosis ojedista hasta enloquecer al gentío. Todos los presentes reconocieron y aplaudieron a "El Juli" en su evidente progreso muletero que augura un próximo y muy largo reinado.
Por lo demás, Ponce se limitó a probar y machetear al avisado primero, "El Juli" anduvo muy valiente con capote y muleta en el segundo aunque no tan decidido ni eficaz con los aceros y Juan bautista Jalabert, pese jugar en casa, dejó escapar una oportunidad de oro con el mejor lote. Las indudables ganas que mostró en el imposible intento de superar a sus dos ilustres compañeros se tradujeron en dos actuaciones presididas por la desigualdad de acople y el amontonamiento de ideas y conceptos.