FERIA DE SEVILLA José Antonio del Moral

OREJA PARA VÍCTOR PUERTO CON UN GRAN TORO DE DON ALVARO DOMECQ AL QUE DEBIÓ CORTAR LAS DOS

Plaza de la Real Maestranza de Sevilla. 25 de abril. Sexta de feria. Buen tiempo y dos tercios de entrada. Seis toros de "Torrestrella", bien presentados, finos y lustrosos, en mayoría bravos con mucha fijeza en distintos grados de fuerza, destacando por su raza y clase el quinto y por su dulzura el sexto. Manuel Díaz "El Cordobés" (rosa y oro): Buena estocada, palmas. Dos pinchazos y media estocada, palmas y saludos. Víctor Puerto (burdeos y oro): Estocada de entrega saliendo prendido sin consecuencias, gran ovación. Buena estocada, oreja. Eduardo Dávila Miura (turquesa y oro): Pinchazo muy hondo y descabello, silencio. Pinchazo y estocada, palmas. Muy bien en la brega Juan Montiel y "El Pere" que también se lució en palos junto a Francisco Peña, magnífico en dos pares al sexto.

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Otra buena corrida de "Torrestrella" y van dos con la de Fallas que se les ha escapado a las figuras. Esta de Sevilla con peor suerte que la de Valencia porque uno de los toros más bravos del envío, el tercero, se pegó una costalada tremenda al salir de un lance anterior al primer puyazo y se deslomó, recuperándose enseguida aunque sin el ímpetu que tuvo de salida; al cuarto le ocurrió algo parecido aunque sin tanta aparatosidad y se apagó en la muleta aunque manteniendo su raza por el lado derecho; el extraordinario quinto no fue exprimido como merecía; y el dulce sexto fue tratado con brusquedad inicial por su matador por lo que perdió fuerza pero no su bondad. Total que disfrutamos más con los toros que con los toreros pese a la premiada faena de Víctor Puerto, tan animoso y bienintencionado como siempre, pero otra vez dando la limitada medida de sus posibilidades. Puerto, sin duda, estará muy satisfecho de su primera tarde en esta feria, pero cuando se tiene la suerte de encontrar un toro como este quinto, hay que echar toda la carne en el asador. Al inicio del trasteo, por bajo y trincheras, no respondió el animal como debía porque no fue sometido. Víctor, en vez de continuar con la derecha de inmediato, se fue lejos del toro y se pasó un buen rato citándolo para dar un pase cambiado sin que el bicho acudiera. Consumado por fin el trance, comprobó en una tanda por redondos cómo era de bravo y noble su oponente pero, en vez de insistir, volvió a marcharse de paseo hasta calcar otra buena tanda más y así otra vez hasta que se echó la muleta a la mano izquierda. Mal colocado Puerto para dar el primer natural se adelantó el toro y se le vino encima de improviso con el susto correspondiente que el matador solventó regresando a los redondos sin acordarse nunca de lo inédito que el bicho había quedado por el lado izquierdo. Las bellas y perfumadas trincheras finales y una estocada hasta las cintas pusieron en sus manos una oreja que paseó encantado mientras muchos espectadores batían palmas corteses lamentando por lo bajini como se había dejado escapar Víctor un triunfo de clamor. Con el segundo no tuvo tanta suerte el espada manchego. El toro embistió franco pero sin clase y defendiéndose algo hasta desarmar a Puerto que lo mató con mucha decisión. Al enterrar el acero en lo alto resultó prendido por el vientre, por fortuna sin consecuencias. El público agradeció a Puerto el detalle con una estruendosa ovación.

Abrió la terna un Manuel Díaz "El Cordobés" en delicada situación profesional. Con el muy flojo y tardo toro que abrió plaza - el peor del encierro - no tuvo otra opción que matarlo por derecho y bien. Cumplido el propósito, se encontró con buen cuarto por el lado derecho sin más defecto que embestir con la cara a media altura. El Cordobés, muy vulgar y destemplado, solo se acopló en dos rápidas tandas finales y lo pinchó. Mal asunto. Tan malo como el de Dávila Miura que, en parecida situación, no fue capaz de cruzarse con el disminuido gran tercero ni darle tiempo al dulce sexto que perdió la poca fuerza que tenía por los doblones violentos con los que Dávila inició un trasteo sobre la mano izquierda de tono tardíamente creciente, mal consumado con la espada.