FERIA DE SEVILLA José Antonio del Moral
DOS VUELTAS AL RUEDO DE PEPIN LIRIA EN UN DIFICIL DEBUT GANADERO DE "PUERTO DE SAN LORENZO"
Plaza de la Real Maestranza. 23 de abril. Cuarta de feria. Tarde agradable con viento en los medios y media entrada larga. Siete toros de Puerto de San Lorenzo, justamente presentados, incluido el sobrero que sustituyó al tercero, devuelto por cojo. Muy áspero y progresivamente peligroso el que abrió plaza, manejable aunque muy apagado el segundo, noblón aunque muy tardo el sobrero, noble sin clase el cuarto, manejable amenos el quinto y parado el sexto. Pepín Liria (grana y oro): Estocada a, encuentro, vuelta al ruedo. Tendida y dos descabellos, leve petición y vuelta. Pedrito de Portugal (salmón y oro): Pinchazo en el chaleco y estocada tendida, silencio. Pinchazo, media y descabello, silencio. Vicente Bejarano (amapola y oro): Media estocada y tres descabellos, silencio. Tres pinchazos y tres descabellos, silencio. Muy bien a caballo José Bernal y en palos Alejandro Escobar y Villalpando.
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La acostumbrada disposición de Pepín Liria, casi siempre inasequible al desaliento y presto a la batalla con cualquier toro, apenas salvó una tarde en la que la reventa ofrecía entradas a menos de la mitad de su precio. Muchos mozos de espadas y ayudas en las barreras de sombra maestrante y un anticipado sentimiento de resignada frustración invadía los tendidos antes, durante y una vez finalizado el festejo, ya asumido.
Debutaba en Sevilla la ganadería salmantina de "Puerto de San Lorenzo" que trajo siete ejemplares nada aparatosos, más bien "bonitos", algunos muy bajos de agujas y bastante deslucidos aunque tercero, cuarto y quinto se dejaron bastante más que sus hermanos. Se hubieran dejado más de haber contado con manos más expertas en el temple que estos animales exigen como norma inexcusable para que luzcan o saquen lo que llevan dentro. No a todos los toreros les gusta este encaste de don Atanasio, pero a los que entienden sus complicaciones iniciales - las más grandes figuras de cada época desde hace más de 70 años - y las resuelven con valor sereno e inteligencia despierta, suelen sacar bastante más partido del que ayer logró una terna poco o nada ducha en tal menester. Liria, para abrir boca, se encontró con el más difícil del envío charro. Un toro temperamental y peligroso con el que Pepín se metió demasiado a fondo en las dobladas iniciales por lo que el bicho se descompuso totalmente. El murciano, aguerrido y valentón, aguantó tarascadas y frenazos provocando la emoción y el respeto de los espectadores que incluso le perdonaron ser desbordado al final del batallador trasteo. En compensación le llegó más noble para la muleta el cuarto y aunque tuvo que torear siempre encerrado en tablas, el bicho obedeció casi siempre sus toques y las tandas, aunque rápidas, le salieron limpias. De haberlo matado tan pronto como al primero hubiera cortado una oreja.
Pedrito de Portugal tenía el compromiso de triunfar como fuera y si bien es cierto que los pocos lances y muletazos que logró fueron lo de más calidad y temple de la tarde, no tuvo opción. El segundo pareció colaborar al inicio de su faena pero se vino pronto abajo y el más claro quinto se acabó antes de lo debido porque el torero se dejó enganchar mucho la muleta. Pedrito, que reapareció sin estar totalmente curado del percance que hace días sufrió en Olivenza, fue otra vez la imagen de la fragilidad mezclada con el buen gusto y ese rictus melancólico de los predestinados al fracaso.
Y qué decir del pobre Vicente Bejarano. Pues que lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Incapaz de cruzarse en lo cites, que es lo que sus dos toros requerían, se le fue la tarde entre cites, porfías y medios pases sin apenas eco, fallando estrepitosamente con los aceros.