FERIA DE SEVILLA José Antonio del Moral
PABLO HERMOSO DE MENDOZA CORTA CUATRO OREJAS Y SALE A HOMBROS POR OTRA MEMORABLE ACTUACIÓN EN LA MAESTRANZA
Plaza de la Real Maestranza de Sevilla. 22 de abril. Tercera de feria con dos tercios de entrada y tarde agradable. Seis toros para rejones de Fermín Bohórquez, bien presentados y de juego desigual con predominio de los deslucidos, destacando con mucho el sexto por bravo y noble. Fermín Bohórquez Domecq: Pinchazo hondo, silencio. Pinchazo hondo sin soltar y rejonazo, ovación y vuelta por su cuenta. Pablo Hermoso de Mendoza: Rejonazo de rápidos efectos, dos orejas. Rejonazo fulminante, dos orejas y posterior salida a hombros por la Puerta del Príncipe. Diego Ventura: Pinchazo hondo, otro y descabello pie a tierra, ovación. Pinchazo y otro hondo atravesado, ovación.
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El "veni vidi vincit" de Pablo Hermoso en la Maestranza se repite cada vez que acude, ayer en una reaparición fulgurante tras vario meses en México, donde ha triunfado en todas las plazas de manera tan contundente o más que en España. Estamos ante el mejor rejoneador, con mucho, de todos los tiempos. Un artista que no necesita que nadie le proclame "rey" ni "papa" de su especialidad porque se corona él solo cada tarde que actúa. Aquí no hay discusión por su apabullante superioridad sobre el resto del escalafón del toreo a caballo. Les aplasta cada tarde y sus compañeros más veteranos que no hace mucho hacían las delicias de los espectadores, se ven alicaídos y desmoralizados cuando actúan con el genio de Estella. Eso le ocurrió una vez más a Fermín Bohórquez que abrió plaza con un toro que salió con muchos pies y terminó sosísimo en el que Fermín, como si fuera un principiante, no dio pie con bola fallando calamitosamente en casi todas las suertes. Luego del primer gran triunfo de Hermoso y con un toro mejor quiso más y acertó con mayor precisión en rejones y banderillas pero llenó la lidia de falsa coreografía en el intento de calentar a la parroquia, ya convencida a favor del jinete navarro. Quizá podrá haber cortado la oreja del cuarto pero falló con el rejón de muerte y para que no digan, se pegó una vuelta sin que nadie la demandara, absolutamente impropia de un caballero que todavía pretende ser figura en lo suyo.
Pablo Hermoso nos ofreció dos recitales. Magistral, genial y hasta inverosímil cuanto logró dado el genio del segundo toro y lo parado a más de distraído que fue el quinto.
Arriesgando mucho la integridad de sus monturas, templó siempre hasta lograr que dos animales apenas sin viaje lo tuvieran. Especialmente con el cuarto montando el famoso "Cagancho". Quiebros preciosos, colocaciones a dos pistas clamorosas, banderillas de excepción y esa manera de cabalgar por el ruedo exclusiva por sencilla y elegante sin darse importancia pese a lo increíble de la doma de sus caballos y a la inigualable destreza del jinete que no tuvo necesidad de recurrir a ringorrangos y a efectismos como sus colegas. La pronta precisión al matar e inmediatamente descabalgar seguro de ver como doblaban los toros a sus pies fue la guinda de ambas labores, muy por encima de la condición de sus enemigos y aquí radica la cuestión de su imparable ascensión y de su indiscutible reinado.
El joven Diego Ventura pasó más tiempo provocando al público para que le ovacionara que en procurar hacer las cosas bien. Es un desahogado pueblerino con muchas ganas e ilimitado entusiasmo que clava con facilidad cuando hace las suertes normalmente. Pero en los quiebros retrasa la acción o la adelanta demasiado, fallando en el intento. Anduvo mejor por más sobrio en el sexto que con el último del que habría podido cortar una oreja si no falla con el rejón de muerte.