FERIA DE SEVILLA José Antonio del Moral

PEPIN LIRIA VUELVE POR SUS FUEROS Y CORTA SENDAS OREJAS A LOS DOS ÚNICOS TOROS BRAVOS CON UNA CORRIDA DE CEBADA EN LA QUE RAUL GRACIA "EL TATO" Y JUAN JOSÉ PADILLA SE JUGARON LA VIDA CON RESES MUY DIFÍCILES

Plaza de la Real Maestranza. 5 de mayo. Decimosexta de feria. Tarde muy fresca y casi lleno. Seis toros de Salvador García Cebada, incluidos los dos sobreros que sustituyeron a los dos primeros, devueltos tras ser picados por muy flojos. De bonitas hechuras, muy astifinos y de tan variado pelaje como distinto juego. Violento y con guasa el primero bis, muy encastado el segundo bis, rajado tras su bravura inicial el tercero, muy reservón aunque manejable el cuarto, bravo con mucha casta y noble por el lado derecho el quinto, e imposible por su enorme peligro el sexto. El Tato (grana y oro): Estocada casi entera, silencio. Buena estocada, ovación. Pepín Liria (lila y oro): Estocada trasera tendida atravesada y gran estocada, oreja. Estocada tendida, oreja con fuerte petición de otra, dos vueltas al ruedo y bronca al presidente por no dar el segundo trofeo. Juan José Padilla (crema y poco oro): Estocada, gran ovación. Pinchazo y estocada, palmas. Bien en la brega El Mangui y en palos Escobar.

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Emoción a raudales con una corrida de Cebada que respondió a su fama aunque resultó demasiado desigual y tres toreros dispuestos a todo. Nada menos que cinco largas cambiadas a porta gayola vimos pegar a la terna. Tres Liria y una por cabeza "El Tato" y Padilla. Las cinco angustiosas por lo distraídos que salieron los toros pero consumadas con limpieza y todas empalmadas con lances brillantes y ligados.

El gran y único triunfador de la tarde fue Pepín Liria, enorme de valor y dispuesto a redondear su gran feria con la suerte añadida de contar con el mejor lote del envío gaditano. Bravos aunque nada fáciles por su violenta casta, Pepín dio prueba de su coraje con firmeza e inteligencia, sacando partido de sus dos oponentes en dos faenas que entusiasmaron a los espectadores. Especialmente con el cuarto, se hartó de torear Pepín en tandas intensas de cuatro y hasta de cinco muletazos con la mano derecha ligados a los de pecho que pusieron a la gente en pie. La oreja que cortó al segundo toro la mereció con creces y la que le dieron del quinto más. En consideración a tal diferencia, la mayoría del público pidió el segundo apéndice pero el presidente se negó, armándose un lío descomunal por la injusticia que suponía negar la Puerta del Príncipe a quien se lo había ganado con más mérito que José Tomás. Dado que ejercía de presidente la misma persona que en la corrida del Domingo de Resurrección, muchos espectadores se enojaron por tan intolerable cambio de criterio. O la dichosa puerta se pone cara para todos o para ninguno.

El Tato también quiso y pudo con peores toros. Centrado con los dos, su lucha frente al primero resultó por desgracia inútil, pero su templada faena al muy tardo y reservón cuarto, tuvo bastante más importancia que el público le dio. El recibo de capa de Juan José Padilla en el tercero, la solanesca suerte de varas con derribo espectacular incluido y, sobre todo, el memorable tercio de banderillas que protagonizó el jerezano, pusieron la plaza boca abajo. Pero muy pronto rajado el precioso animal de pelo sardo, no hubo más remedio que cortar por lo sano tras sufrir y aguantar Padilla varias coladas y no pocos derrotes a la yugular. Al sexto le pegaron demasiado en el caballo y llegó con muchas dificultades a la muleta aunque Padilla, que también banderilleó con rotunda precisión, intentó y logró algunos naturales.