FERIA DE SEVILLA José Antonio del Moral

OREJA PARA "FINITO DE CÓRDOBA" POR UNA COMPACTA Y MUY HONDA FAENA AL MEJOR TORO DE UNA PRECIOSA CORRIDA DE VICTORIANO DEL RÍO EN LA QUE OTROS DOS TOROS MEDIO VALIERON PARA TRIUNFAR

Plaza de la Real Maestranza. 2 de mayo. Decimotercera de feria. Tarde lluviosa y lleno. Seis toros de Victoriano del Río, muy bien presentados por parejos de hechuras, lustre y cabezas, saliendo de la igualdad el sexto por más grande del envío. Por más bravo y noble destacó el quinto. Muy noble aunque flojo y tardo el primero, bravo en el caballo y cambiante en la muleta que tomó con irregular nobleza el sexto y muy débiles y apagados los demás. Joselito (salmón y oro): Buena estocada desprendida, petición insuficiente y saludos desde los medios. Pinchazo y estocada, silencio. Finito de Córdoba (terciopelo grana y oro): Pinchazo y estocada ligeramente atravesada, silencio. Estoconazo caído, oreja. Manuel Caballero (amapola y oro): Pinchazo y buena estocada, palmitas. Estocada tendida trasera, ovación. Muy bien en la brega y en palos Gregorio Cruz Vélez y a caballo Manuel Muñoz y "El Turuta".

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Un lote de lujo en cuanto a presentación pero desigual de juego con un buen comienzo. Las verónicas de recibo con que abrió la tarde "Joselito" supieron a gloria y a esperanza por lo que podía venir después: Un quite estupendo por chicuelinas que el toro tomó con la pronta bravura y fijeza que sacó. Pero mal picado el toro, empezó a blandear demasiado por lo que sufrió un cambio a peor. La misma nobleza con efectos retardados. Cuestión que permitió a José gustarse en los cites tras empezar por ayudados junto a tablas, sufriendo un susto al recetar el primero y venírsele el bicho vencido por el lado izquierdo. Defecto que no repitió en el tercio donde "Joselito" continuó su entrecortada faena. Cites, muletazos sin ligar sobre ambas manos y acople final con la derecha muy encima del toro, con abaniqueo y estocada de excelente ejecución. La presidencia no atendió la petición de una oreja que, desde luego, no merecía pero que hubiera sido pedida con clamor y concedida inmediatamente de haberla hecho el madrileño cuando estuvo de moda. Las cosas como son.

Y hundida la tarde entre rachas de lluvia, toros apagados y exquisito público propio de función operística en el teatro vecino, ni Finito, ni Caballero y menos "Joselito" que incluso fue pitado durante su prolijo y sucio trasteo en el que tuvo que escuchar "na más que tienes cuento", alcanzamos el momento culminante con la brava salida del quinto que hizo honor al tópico: Su galope, su fijeza y prontitud al arrancarse a los capotes, su manera de humillar y de repetir a las intensas y sabrosas verónicas del cordobés y los dos soberbios puyazos que tomó, magníficamente pegados por Manuel Muñoz, anunciaron una faena que por tan buena supo a poco. Tres con la derecha y el de pecho en doble tanda. Tres con la izquierda y trinchera. Tres más con la diestra y otros tres naturales de verdadera excepción por más lentos y sentidos hasta el alma de Finito y de cuantos lo vimos, ya recreado el diestro para terminar con adornos al paso mientras llovía mansamente y la banda tocaba el pasodoble "Manolete" en uno de esos momentos mágicos que solamente pueden vivirse en la Maestranza de Sevilla. Lo caído de la espada en su colocación y quizá la brevedad del precioso trasteo dejó la cosa en simple oreja, esta vez pedida con elegante clamor. Tan elegante como la vuelta que Finito dio, orgulloso y feliz, a sabiendas de que este triunfo era de los que cuentan para toda la temporada.

Otra oreja pareció que podría haber cortado Manuel Caballero al sexto. Un toro también bravo pero de nobleza cambiante durante la faena. Tan pronto embistió con la cara alta como baja. Unas veces fue largo y otra se quedaba corto. Pero como su comportamiento en varas había sido superior y espectacular, muchos creyeron que era tan bueno como su hermano anterior. La faena de Caballero resultó limpia pero tan desigual como iban marcando las irregulares embestidas del animal. A tandas soberanas y empacadas sucedieron otras sin sabor. Muy a menos el toro al final, el desencanto de apoderó de la gente y del propio torero, cariacontecido cuando tras terminar el último muletazo, marchose desplantado a la barrera mirando al tendido en busca de unos aplausos que no llegaron hasta después de arrastrado el toro entre palmas injustas. Desliz imperdonable de la sabia plaza que amargó al manchego, sin duda desilusionado por cuanto acababa de ocurrir.