FERIA DE SEVILLA José Antonio del Moral

JESULÍN DE UBRIQUE, MUY SERIO, MAGISTRAL Y SOLVENTE, Y UN VALENTÍSIMO MIGUL ABELLÁN, VÍCTIMAS DE LA "TOMATOSIS" CON UNA PÉSIMA CORRIDA DE PEREDA

Plaza de la Real Maestranza. 29 de abril. Décima de feria. Tarde buena y casi lleno. Seis toros de José Luis Pereda, mal presentados por desiguales y escuálidos salvo los más cuajados cuarto y sexto. Mansos, débiles, distraídos y en su mayoría rajados, apenas ofrecieron posibilidades, destacando segundo y quinto por imposibles. Jesulín de Ubrique (lila y oro): Media estocada desprendida, fuerte ovación. Gran estocada y descabello, petición insuficiente y vuelta al ruedo. Finito de Córdoba (terciopelo cobalto y oro): Buena estocada y descabello, silencio. Tres pinchazos y dos descabellos, silencio tras algunos pitos injustos. Miguel Abellán (palo de rosa y plata): Estocada caída tendida, gran ovación. Tres pinchazos y estocada caída, palmas. Muy bien en la brega Carmelo y en palos, Emilio Fernández y Antonio Cava.

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"Jesulín de Ubrique"- que reaparecía en Sevilla - y, en menor medida, Miguel Abellán - Finito de Córdoba no tuvo la más mínima opción de triunfar con un lote imposible de la mala corrida de Pereda - fueron, tras "El Juli" en sus primeras actuaciones, las más recientes víctimas de la desbordada "tomatosis" que ha contagiado a la Maestranza. La plaza casi se llenó con la ayuda de mucho dominguero y, aunque en los tendidos no vimos a los más conocidos de entre la grey más fiel al diestro de moda, los de casa también mostraron síntomas de padecer la última fiebre del toreo. A la hora de escribir esta crónica sigo sin explicarme la frialdad con que el público contempló la primera faena de "Jesulín" y los insuficientes pañuelos que pidieron la oreja del cuarto para premiar como se merecía la segunda faena del gran torero de Ubrique. El primer toro fue lidiado con precisión y efectividad por Jesulín y su magnífica cuadrilla hasta rebajar todos los defectos que exhibió el bicho en su salida: distraído, suelto, manso, descastado y echando la cara por las nubes, dos pitones terroríficos que taparon su pequeñez corporal. Pues bien, con este toro, "Jesulín" dio la muy alta medida que ya mostró en su primera tarde de Olivenza y estuvo tan por encima de las condiciones de este toro que logró tapar todos y cada uno de sus inconvenientes. Muy serio, seguro, firme, templado, inteligente, ligando en un palmo de terreno, sin una sola concesión a la galería y ni un olé colectivo de la afición que otrora mejor sabía matizar y valorar las actuaciones de los toreros en función del juego que ofrecían las reses. Y es que la gente de aquí ya no piensa en otra cosa que volver a encontrarse con el torero de Galapagar para darle hasta los calzoncillos y las bragas. A "Jesulín" le analizaron escrudiñadores y silentes. La incierta mansedumbre del cuarto, el toro más serio y cuajado del envío, terminó por definirse en las postrimerías de su costosa lidia al refugiarse en tablas. Precisamente allí fue donde Jesús se descaró, ya dueño del bicho, y le sacó dos cosidas tandas mandonas y muy hondas con la derecha, colofón de las anteriores en las que, sobando al toro con seguridad y donosura, terminó por desengañarlo. La estocada fue colosal, el descabello contundente y los pañuelos timoratos. Si estas dos faenas las hubiera hecho hace cinco o seis años, habría cortado un par de orejas. La cosa quedó en una vuelta al ruedo que "Jesulín" dio con notoria autoridad pese a la frustración que debió sentir en su fuero interno al verse tan medido y escasamente premiado.

Lo de Miguel Abellán fue una exhibición de entrega y torería sin más límite que las dificultades insalvables de sus toros. Con más movilidad y duración el tercero y tras recibirlo con lances muy apretados, Abellán se jugó la cornada en los embroques de cada pase que pegó o medio pudo pegar en una más que emocionante faena de muleta, defectuosamente clausurada con la espada. Pero al recibir el sexto a porta gayola, repetir un par de largas de rodillas y lancear ganado terreno por ajustados y enjundiosos delantales, Abellán consiguió reventar la plaza por un momento, quizá el más intenso de cuantos llevamos vividos hasta ahora en la feria, prorrogado instantes después en un impresionante quite por gaoneras. Agotado el toro por tan brillante intervención capotera y aunque Miguel brindó al público su segunda faena, resultó imposible de llevar a cabo, quedando su imponente presentación de credenciales por redondear en la próxima ocasión.