LA RESACA José Antonio del Moral
LA PUERTA DE GALAPAGAR
A la famosa Puerta del Príncipe pueden llamará desde ahora "Puerta de Galapagar". No hace falta que me extienda en los motivos. José Tomás ha salido a hombros bajo su precioso arco barroco por segunda vez consecutiva y casi seguro que hoy mismo volverá a salir, dadas las facilidades que le dan para conseguir el ansiado premio. Nunca pensé que Sevilla llegaría a contagiarse de la alucinación colectiva que acompaña a Tomás, incluso contando con la invasión de fieles foráneos que padece la Maestranza cada vez que actúa. En mi opinión, la indudable quietud e impavidez con las que suele torear José Tomás no son motivo suficiente para que, temple o enganche, ligue o no ligue, mate por arriba o por abajo, pinche o acierte en cuantas suertes ejecuta sean apreciadas y jaleadas como si fueran excepcionales independientemente de su limpieza o suciedad. El desprecio casi general del público por las virtudes más exigibles del toreo cuando actúa Tomás no lo he entendido ni podré entenderlo nunca. Reconozco que somos muy pocos los capaces de permanecer ajenos a la algarabía que produce lo que yo llamo "tomatosis" - la admiración incondicional hacia este torero que incluye el más absoluto de los desprecios por todos los demás - pero tengo derecho a disentir y a lamentar la afrenta que tal situación supone para cuantos también se juegan la vida y no son tratados igual. Después de estas dos salidas a hombros de Tomás recibí varias llamadas telefónicas de profesionales, aficionados y amigos, testigos como yo del suceso, en las que me preguntaban si me sentía como ellos: ignorante o loco de remate.
Desde hace más de cuarenta años he visto salir por la Puerta del Príncipe a muchos toreros y muy pocas veces se abrió con la aquiescencia unánime de los aficionados y de los críticos presentes. Pero la polémica no había sido tan radical como ahora con José Tomás. Sus seguidores pedirán que, de ahora en adelante, la puerta lleve el nombre de Galapagar y no faltará quien acepte el dislate aunque la entronización del dispendio y de la injusticia convierta la Maestranza en ruedo de carretas y carretones. Mejor sería que cerraran la puertecita para siempre. !Qué vergüenza, señores!.