LA RESACA José Antonio del Moral

"TORRESTRELLAS" SIN SUERTE

No fue la corrida de Valencia pero hubo toros que, por unas razones o por otras, no tuvieron suerte. Tras el flojo primero y ante la poca clase del segundo - ambos defraudaron a cuantos esperábamos ilusionados este envío de don Alvaro - salió un tercero dando señas de bravísimo. Pero se deslomó al sufrir una tremenda voltereta y, aunque en principio pareció completamente lastimado, le quedó raza para recuperarse. Aun sin el ímpetu inicial, hubiera servido más de haber sido "tocado" más precisamente en los cites y toreado a media altura como debe hacerse en estos casos, manteniendo la muleta al mismo nivel sin bajarla ni subirla nunca. Un privilegio de los pocos que saben hacerlo sutilmente para que el toro no lo note ni proteste al no ser obligado y el público tampoco.

La tarde empezó a tomar mejor vuelo con la también vibrante salida del cuarto que, pese a otro volantín y a tardear, embistió sin humillar pero con notable franquía y repitiendo por un pitón derecho que Manuel Díaz no pudo o no supo vender ni acompasar. Aunque manseó en varas, el quinto fue el mejor. Entró en el lote a última hora por sus más bastas hechuras y, como tantas veces ocurre, dio la sorpresa. Lo lidió con sabrosa torería Víctor Puerto, administrando luego una bonita aunque intermitente faena que a muchos les pareció muy buena y a los menos no tanto por dejar inédito el pitón izquierdo. Tras las excelentes rondas con la derecha, Víctor no se colocó bien para dar un primer natural y se le adelantó el bicho pegándole un susto que resolvió con habilidad conservadora: en vez de insistir y dar el campanazo, pegó unos preciosos ayudados y volvió a los redondos. A pesar de la buena estocada, la aludida carencia dejó al toro con quince pases dentro e impidió a Víctor cortar una segunda oreja que le habría valido para romper su propio molde. La justa fuerza y evidente dulzura del sexto se toparon con unos demasiado violentos doblones de Dávila Miura que se cargaron al toro y le hicieron rodar en el arranque de la faena. Lo mismo que, en su empeño por triunfar, se precipitó al no dar los tiempos que necesitaba el bicho para recuperarse del costalazo. De ahí que Eduardo tardara demasiado en acoplarse por ligados aunque desvaídos naturales.