LA RESACA José Antonio del Moral

INOPORTUNOS INCIDENTES

Una sucesión de inoportunos incidentes convirtió la quinta de feria en un festejo insoportable por demasiado largo pese a lo bueno que sucedió en tres de los nueve toros que saltaron al ruedo, muy al estilo Madrid por San Isidro. Los que tenemos que aguantar cada año el maratón de Las Ventas y estamos acostumbrados a sufrir muchas tardes parecidas o peores, soportamos la de marras con más paciencia que algunos y gozamos con el juego de dos toros muy nobles de "El Pilar" - primero y tercero - y con lo que les hicieron "El Cid" y Eugenio de Mora quien, como el año pasado aunque sin triunfar, demostró una solvencia torera incuestionable con sus dos enemigos. Demasiado desigual de presencia la corrida para su debut ganadero en La Maestranza y pese a la flojera de algunos ejemplares, mas la mala suerte de las dos devoluciones, los hermanos Fraile pudieron gozar, al menos, con la gran ovación que el público de Sevilla dedicó al tercer toro en su arrastre. Un noble animal que propició la para mi sorpresiva actuación de "El Cid" al destaparse con una faena de alto vuelo técnico y artístico: Temple, apostura, compostura, ligazón y redondez, por desgracia mal culminada con la espada. Así se rompió, en parte, el maleficio de los salmantinos cuando vienen a Sevilla al que me refería ayer. Y entre los muchos árboles que no dejaban ver el bosque, algunas deficiencias que la incomparable plaza no debería tolerar: Seguir utilizando una pizarra para anunciar al público qué pasa ya no es de recibo por mucho que se quieran guardar las esencias tradicionales del bicentenario coso. Tampoco el escaso o nulo trapío de algunos toros y de los sobreros, cuyo precio, imagino, no se corresponde con la millonada que entra en las taquillas. Y algo que cuantos ocupamos las localidades bajas del tendido 3 no tenemos por qué seguir aguantando aunque anteayer nos dieran vacaciones al trasladarse el segundo tercio de la lidia a la puerta de arrastre cuando un despavorido caballo rompió el cerrojo del portón del Príncipe. A ese monosabio "apuntador" con gafas que en cada toro dirige a voz en grito la suerte de varas, deberían callarle.