LA RESACA José Antonio del Moral
SALMANTINOS EN SEVILLA
Desde hace años, cada vez que una ganadería salmantina debuta o repite en la Feria de Sevilla pega el petardo o no tiene suerte con el cartel de toreros. Con la por cierto bonita corrida de Puerto de San Lorenzo pasaron ambas cosas: algunos resultaron francamente difíciles, sobre todo el endemoniado primero que asumió como buenamente pudo el siempre entregado y aguerrido Pepín Liria, y otros posibles que no fueron entendidos suficientemente por sus matadores por escaso sentido del temple, caso de Pedrito de Portugal con el quinto, o por no cruzarse al pitón contrario en los cites que es lo que le faltó a Vicente Bejarano con los suyos. Se cumplió así el maleficio que persigue a los charros junto al Guadalquivir mientras hacemos votos para que no ocurra lo mismo con la corrida de "El Pilar" que debutó ayer y tendremos ocasión de comentar mañana. El caso del lunes fue que nos aburrimos soberanamente porque ni Liria consiguió levantar el ambiente pobretón que antecedió al festejo con su entonada faena junto a tablas. La única que habría merecido premio si Pepín no hubiera fallado con la espada. Cómo iría la tarde, que hasta el presidente sacó el pañuelo blanco antes de tiempo para cambiar el tercio de varas del sexto toro en un acto subconsciente que delataba las ganas que debía tener el señor Teja de que la corrida terminara de una vez. Y es que este simpático usía siempre protagoniza algún momento de la corrida cuando ocupa el palco por defecto o por exceso. Tarda mucho en agitar el moquero o lo saca con precipitación y se le ve el plumero.
Para terminar y siguiendo con el gafe de los ganaderos salmantinos en Sevilla y los conflictos que provoca en su propia tierra, contar las amargas quejas de la prensa taurina de aquella capital cuando se anunciaron los carteles de esta feria tras comprobar los nombres de los toreros que iban a lidiar las dos corridas debutantes. Siempre la misma cuestión desde el complejo que padecen y les lleva a protestar todos los años por las muchas corridas andaluzas que compran los Chopera para sus fiestas de septiembre.