LA RESACA José Antonio del Moral
HERMOSO: ÚNICO E IMPERIAL
Con Pablo Hermoso de Mendoza no hay discusión posible porque su primacía es apabullante e imperial. Reina sobre el toreo a caballo y gobierna en todos los países sin necesidad de proclamaciones de nadie porque se ciñe la corona, toma el cetro y se sienta en el trono cada tarde. Consta que su figura trasciende de la afición porque son muchos los que acuden por primera vez a las plazas de toros para ver cuanto hace y como lo hace. Anteayer regresó a Sevilla desde su reconquista de México y volvió a salir por la Puerta del Príncipe como por la de su propia casa. Igual que torea, aunque dada la pésima condición de sus toros, la nueva apoteosis de Pablo Hermoso tuvo el mérito añadido de superar lo insuperable para otros. No es cosa de herir sensibilidades pero, al paso que lleva, el de Estella terminará actuando en solitario porque no habrá quien quiera competir con él. Ni siquiera pueden imitarle. Hasta sus más ilustres colegas parecen disminuidos por complejo de inferioridad cuando alternan con Hermoso. Pierden los estribos, los papeles y hasta sus propias y, a veces, magníficas señas de identidad que alteran con ademanes para la galería porque Hermoso les saca de sus casillas. Es como para salir corriendo.
Hace un mes me contó Paco Ojeda durante un sabroso almuerzo en Jaén que si no hubiera salido Mendoza habría seguido en el mundo del rejoneo a donde llegó desde la nada logrando auparse a la primera fila en medio de zancadillas y maliciosas suspicacias que terminaron por asquearlo. Hermoso fue el único que le dio la cara y, tras algún rifirrafe, se hicieron amigos. De genio a genio, cada uno tomó su camino. Paco volvió a tomar capotes y muletas con ganas de vestirse de luces y Pablo a lo suyo. Eso que parece no ser de este mundo porque además utiliza caballos contagiados por la magia de su dueño. Esta resaca de Mendoza durará hasta la última mañana de feria cuando vuelva a la Maestranza con otros cinco jinetes y menos mal que actúa en penúltimo lugar. Con Hermoso no ocurre como con José Tomás que, según dicen, el domingo llegó a la Barcelona de sus amores, le regalaron una segunda oreja y terminó enfurruñado por el inesperado baño que le dieron "Finito" y "El Juli"…