LA RESACA José Antonio del Moral

MODELO DE VERÓNICA

Reconozco lo difícil que resulta aislar un par de minutos felices entre dos horas de tedio y desesperación pero hay momentos que, por muy mala que sea una corrida, no se pueden olvidar. Por eso me chocó anteayer que Fernando Cepeda no escuchara ni una palma tras el arrastre del tercer toro para premiar sus verónicas de recibo y las del quite, celebradas durante e inmediatamente después de producirse pero luego apenas recordadas ni agradecidas como merecieron. Fueron verónicas de cite semifrontal y pecho por delante, firmeza de pies, líquido juego de cintura, perfecto juego de brazos, mentón hundido, dulce y ampuloso trayecto, temple infinito, carga total y ligue cosido ganando un paso a cada lance. Verónicas de buen embarque, gran empaque, perfumado compás y perfecto remate. Verónicas, en definitiva, de hondo placer y mucho sentir. Verónicas modelo…

Vivimos una época en la que el toreo a la verónica en su más pura técnica e ideal esencia no aparece porque los lances que dan casi todos los toreros actuales, incluso los mejores, sólo se aproximan a lo que debe ser esta suerte fundamental del toreo de capa. Fernando Cepeda es la excepción de tal sequía y solo por ser referente del más preciado "tesoro" capotero debería ser contratado para actuar al menos una tarde en todas las ferias. Cada vez que le veo con el capote me gusta más y en mis delirios sueño con una tarde ideal en la que Fernando solo pudiera emplear el capote durante toda la lidia.

Siempre que veo torear de capa a Fernando Cepeda recuerdo a Antonio Ordóñez y se me viene a la memoria una crónica que el maestro de la crítica, don Gregorio Corrochano, dedicó al inolvidable rondeño en "Blanco y Negro" tras su memorable actuación en Madrid en la Corrida de la Beneficencia de 1960. Escultores - decía - si queréis hacer una estatua a la verónica, ya tenéis modelo. Pasado el tiempo, el modelo escultural de la verónica y salvando todas las distancias es Cepeda.