LA RESACA José Antonio del Moral
PIE PARA UNA FOTO HISTÓRICA
Hacía tiempo que no vivíamos una semana isidril tan intensa y apasionante como la pasada. Moura y Leonardo supieron compensar la falta del imprescindible y por desgracia accidentado Hermoso de Mendoza, Rafael de Julia sorprendió con un triunfo natural por su verdor exento de preconcebidas intenciones del público, Eugenio de Mora pagó con sangre la prueba de que estamos ante un muletero de excepción; "Espartaco" se despidió entre la inexplicable indiferencia de Las Ventas al tiempo que "El Juli" padecía el injusto por precoz intento de acoso y derribo que Madrid suele dispensar a los más grandes, regresó muy respetado "Joselito" en un previsto quiero y no puedo, resucitó por todo lo alto un recobrado "Morante" y gustó la contundente firmeza de Miguel Abellán.
Pero de entre los acontecimientos señalados, quiero detenerme en la tarde más dramática por todos los conceptos. Porque si lamentable fue la cornada que sufrió Eugenio de Mora, más penoso por intencionadamente fabricado fue el trato despreciativo que la llamada primera plaza del orbe dio a "Espartaco" y cómo reventaron sin contemplaciones la primera cita de "El Juli" tratando de eclipsar la evidente demostración de valor, de técnica y de indeclinable raza que mostró ante dos toros nada propicios. La fotografía de Luis Díaz que el día siguiente ilustró la portada de "LA RAZÓN" - un fotón para la historia que en su día buscaremos y pagaremos caro - mostró en imagen la grandeza y la miseria de la fiesta en este Madrid de ahora. Irreconocible "El Juli" por su gesto irremisiblemente triste, ya seguro de lo que se le vendrá encima cada vez que haga el paseo en Las Ventas, al lado de "Espartaco" que mira al gentío con espanto mientras alza tímidamente su montera para corresponder desde el callejón a las pocas palmas que le dedicaban. En cualquier otra plaza, no digamos por mejor ejemplo en La México, a "Espartaco" le hubieran despedido al abandonar el ruedo con una ovación atronadora, incluso sin haber podido triunfar con ninguno de los toros que mató. Pero la falta de cultura y de educación taurinas de la mayoría de los espectadores ocasionales que cada tarde pueblan los tendidos de "Las Ventas" da lugar a estas vergonzantes situaciones, no hace mucho inimaginables en un escenario que, pese a su habitual dureza, guardaba respeto a cuantos toreros habían ganado la cima con o sin su apoyo.