LA RESACA José Antonio del Moral

RIVERA SE ACORDÓ DE SU PADRE

Estoy seguro que, de no haber muerto el gran "Paquirri", su hijo Francisco se habría mantenido en figura y ahora lo sería con todas sus consecuencias. Anteayer le vi empeñado en recuperar el tiempo perdido y me saltaron lágrimas cuando delante de la puerta de chiqueros pareció que el padre reencarnaba en su retoño. Por lo que me unía a la familia Ordóñez - no se puede dejar de querer a los que tanto amamos pese a la distancia que ahora nos separa - me atrevo a confesar la íntima alegría que me produjo verle tan dispuesto. Habría sido mayor si la suerte hubiera acompañado más al nuevo intento de Francisco Rivera. Pero, en todo caso y a pesar de los pesares, celebro con el corazón abierto esta impresión en forma de resaca que hoy le dedico, no solo por cuanto ha perdido e intenta retomar, sino porque su actuación lo merece en estricta justicia. Por eso me permito reproducir aquí la última parte de la corregida y ampliada semblanza que sobre Rivera Ordóñez aparecerá en breve en la nueva edición que Alianza prepara de mi libro "Cómo ver una corrida de toros".

"Las muchas volteretas y lesiones que ha sufrido Francisco, sumadas a su intensa vida social y a no pocos disgustos personales le distrajeron y fueron minando su moral de combate al tiempo que despertaba en él un notorio sentido de conservación impropio de su juventud. De ser una promesa en ejercicio de figura capaz de dar la cara compitiendo a tope con cuantos alternó, pasó a estrella afamada que perdía celo y se desilusionaba en demasía, últimamente convertido en diestro con renombre sin la fuerza de sus comienzos, obligado a ceder el lugar que ocupaba en los carteles más lujosos tras decantarse en más prudente y menos comprometido por más hábil con los toros malos y sin la sincera frescura que tuvo con los buenos pese a lograr en muy contadas ocasiones limpias y acabadas faenas con los muy buenos, señal inequívoca de lo que lleva dentro aunque no acabe de romper". Aún está a tiempo de lograrlo.