LA RESACA José Antonio del Moral
ILUSIÓN, DRAMA Y DISGUSTO
Tres palabras bastan para titular esta resaca sobre la corrida de anteayer, celebrada contra viento y marea y tolerada por el público con franciscana resignación. Ni el increíble aplazamiento después de terminado el paseíllo, ni la justa presencia de los toros, ni la clamorosa falta de fuerza de algunos provocaron protestas porque estábamos en la tercera tarde de Tomás y, ya sabemos que con el de Galapagar todo pasa, hasta el alcalde con la calabaza…El síndrome terminó con la impresionante cogida del mito y a partir de entonces la Maestranza recobró parte del sentido de la medida que tanto le acredita. Habíamos gozado con la ilusión de Ortega Cano, sufrido con el tremendismo irredento de José Tomás y lamentado el disgusto que debió padecer Morante de la Puebla al cargase con la espada sus lucidas intervenciones con el capote y una desigual faena que, por crecida en acople y enjundia, podría haberle devuelto la confianza de los suyos.
Con el toro más dulce de la tormentosa jornada, Ortega nos brindó la faena más redonda y hermosa de la feria, transmitida por el diestro con indisimulada felicidad. La que merecía después de tanto sufrimiento íntimo, refrendada con el maravilloso postre por verónicas en el sexto. Tomás dio otra prueba de su impávido valor y de su entrega suicida en la que, sin dar pie con bola en el sentido más estricto de la profesionalidad que debe exigirse a cualquier figura, tapó con una estocada patibularia y con su gesto de continuar en tal empeño el desastre más grande que jamás hayamos podido contemplar a manos de un torero consagrado. Ni uno de los lances que dio tuvo limpieza y la mayoría de los pases que pegó con la muleta en su dramática faena tampoco. Y esta vez ante cuantos quisieron verlo por televisión. No hace falta, pues, entrar en discusiones con los que tanto se irritan con mi opinión sobre este torero. El toro llegó a la muerte sin haber sido dominado ni sometido, razón que aparte su impertérrita quietud, infinita entrega, gritos jubilosos y rasgaduras de camisas, trocó su prevista tercera salida por la "Puerta de Galapagar" en glorificado paso a la enfermería, lo que para muchos fue aún más meritorio. En Madrid ya extienden las alfombras mientras que aquí continuamos algunos tan perplejos como el Domingo de Resurrección y el sábado víspera de farolillos.