LA RESACA José Antonio del Moral
IMPRESIONES PRIMERIZAS
Por el momento, la resaca revolotea sobre José Tomás y se alimenta con la discusión sobre la procedencia de su salida a hombros por la Puerta del Príncipe. Pero como la feria arrancó con un mano a mano novilleril que despertaba interés entre los aficionados de Sevilla y los más fieles de afuera - en La Maestranza no estuvieron los del "ave" fénix de las tardes más apetecidas - es cosa de opinar sobre los dos aspirantes que compitieron antes de tomar la alternativa en el mismo escenario con lo que ello supone de difícil oportunidad y de no poca intriga. Yo no había visto nunca a Luis Vilches y a Fernández Pineda por lo que solamente puedo ofrecer la impresión primeriza que ambos diestros me causaron y que no puede ser definitiva aunque, casi siempre, el primer golpe de vista es el que vale para siempre. Aunque se les fue la tarde - Vilches tuvo dos magníficos novillos para conseguirlo - me quedé con ganas de ver otra vez a Pineda - con bastante peor lote en el sorteo - porque me gustó la serena reacción que mantuvo después de la terrible voltereta que le propinó el segundo novillo, su buen capote a la verónica con remates aromáticos y su personal manera de torear con la muleta, fácil requiebro de cintura en el embroque pese a la cortedad de cada muletazo, impuesta por un quizá buscado codilleo que necesita oponentes más propicios que los que tuvo enfrente, aparte el atolondramiento que debió padecer a consecuencia del percance.
Luis Vilches, menos agraciado y bastante más alto, me entró más por la cabeza, por más firme y capaz, que por el corazón por sus exageradas formas, salvo en los pases iniciales por bajo y cambiados con los que inició su primer trasteo en los que ofreció una dimensión estética que no se correspondió con lo que, ya en pié, hizo después. Extrañísimo en sus modales con el capote, forzado, encorvado, demasiado vocinglero con la muleta, su toreo llegó al tendido más por la cáscara que por la nuez. Su imperdonable fallo a espadas le privó disfrutar del triunfo y mí de analizarle sin tanta acidez.