6ª DE SAN ISIDRO EN MADRID José Antonio del Moral

IMPONENTE Y EN SU MAYORÍA DIFÍCIL CORRIDA DE MARÍA DEL CARMEN CAMACHO CON LA QUE SE ENTRELLARON UN IMPOTENTE ORTEGA CANO, UN PRUDENTE "FINITO DE CÓRDOBA" Y EL MUY VALIENTE JAVIER CASTAÑO QUE CONFIRMÓ SU ALTERNATIVA

Madrid. Plaza de Las Ventas. 17 de mayo de 2001. Sexta de feria. Tarde agradable y lleno total. Seis toros de María del Carmen Camacho, muy bien presentados y armados que dieron poco juego, resultando al menos manejables quinto y sexto. José Ortega Cano (lirio y oro): Estocada perdiendo la muleta, silencio. Dos pinchazos huyendo y estocada, leves pitos. "Finito de Córdoba" (terciopelo prusia y oro): Tres pinchazos hondos y trasera atravesada, silencio. Buena estocada, silencio. Javier Castaño (vainilla y oro): estocada baja, silencio. Estocada trasera y baja, silencio.

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Digámoslo de entrada para dejar constancia de lo injusto que es el público. Si el famoso José Tomás hace en Madrid lo mismo que Javier Castaño con los dos toros de su confirmación de alternativa, corta al menos tres orejas y lo sacan por la puerta grande. Su toreo es tan quietista de pies y tan estoico como el ahora en boga. Sus parones, exactos. Su impavidez, calcada. Pero como carece de mensaje y no tiene ese aspecto de franciscano patibulario que distingue al de Galapagar, nada de nada. En el toro de su definitivo doctorado hasta dio las consabidas manoletinas que casi siempre epilogan las faenas de Tomás entre la algarabía de los tendidos y a Castaño se las pitaron. Pero el colmo de la distinta vara de medir que estamos sufriendo llegó con la espeluznante faena de Castaño con el sexto. Clavado en la arena y sin ceder un palmo de terreno aguantó todo lo aguantable con las dos manos y hasta tragó en un par de pases de pecho con la izquierda tras sendos naturales sin que nadie osara jalear ni aplaudir al nuevo doctor. Estrellado, pues, Castaño aunque no en la medida de Ortega Cano y "Finito" que además fueron maltratados por el sector contestatario de Las Ventas conforme al guión preestablecido aquí con la mayoría de los que llegan en plan de figuras.

Lo de Ortega fue a la vez dramático y patético, llegando a rozar el ridículo cuando intentó hacer quites en los toros de sus compañeros que preparó con la teatralidad que últimamente utiliza en sus actuaciones y no fue capaz de pegar un solo lance en serio. Los dio a la verónica en los medios de la plaza y con gran mérito en el recibo de su primer toro. Pero a partir de ahí empezó a gazapear y a mirarle el bicharraco y Ortega se arrugó sin disimulos aunque no faltaron sus miraditas al tendido en el intento de justificar su evidente impotencia. Peor fue lo del cuarto, pronto y violento pese a su fuerte castigo en varas. Percibido de las dificultades que mostró el toro en su salida, Cano dejó la lidia en manos de un peón y aunque en la faena también quiso, no se cruzó nunca y le vio el toro por quedarse fuera en los cites, llegando a ser cogido de lleno aunque por milagro resultara ileso. Tampoco pudo, pues, y bien que lo sentimos. Ya dijimos que en cuanto le cambiara la racha de buenos toros en los sorteos - los mejores de Fallas y en Sevilla - pegaría el petardo.

"Finito de Córdoba" fue la imagen de sí mismo en parecidas y anteriores circunstancias. El gran porte que atesora no le sirvió de nada salvo en los bonitos aunque prudentes lances iniciales. Sus intenciones de ligar sin abandonar el sitio, imposibles porque ninguno de sus dos toros repitió las embestidas. Con el quinto, quizá el menos malo de los seis de Camacho, estuvo más tiempo intentando que el toro y el público entraran en su muleta, pero fue imposible. Estoy seguro de que en otra plaza, a este mismo toro le habría cortado una oreja. Al menor apoyo del público, "Finito" también se hubiera entregado más. Pero en este Madrid tan iracundo e intransigente, el frágil ánimo del cordobés se vino abajo.