4ª DE SAN ISIDRO EN MADRID José Antonio del Moral

JUAN MORA DEJÓ ESCAPAR UN BUEN TORO DE "VALDEFRESNO" Y EL PRESIDENTE DEVOLVIÓ OTRO MEJOR CONTRARIANDO A VÍCTOR PUERTO QUIEN, PESE A SUS BUENOS DESEOS, SALIÓ DE VACÍO EN UNA CORRIDA A LA POSTRE IRREMEDIABALE Y PLÚMBEA

Madrid. Plaza de Las Ventas. 15 de mayo de 2001. Cuarta de feria. Tarde buena con rachitas de viento y lleno total. Cuatro toros de los dos hierros familiares de "Valdefresno", bien presentados, nobles y flojos en distintos grados de fuerza. Muy limitada la del segundo y tercero que, hasta ser devuelto, dio un gran juego. En sustitución de los devueltos tercero y sexto se corrieron uno grandullón de Javier Guardiola peor en todo que el anunciado y otro descomunal y agresivo de Hermanos Lozano que por demasiado castigado en varas trocó su violencia inicial por una embestida manejable aunque muy deslucida tardona. Juan Mora (avellana y oro): Bajonazo, palmas. Dos pinchazos y estocada a un tiempo, silencio. Manuel Díaz "El Cordobés" (turrón y oro): Tres pinchazos y media estocada, silencio. Estocada muy trasera y cuatro descabellos, silencio. Víctor Puerto (grana y oro): Pinchazo y estocada, silencio. Estocada, palmas. Muy bien en palos "El Pere" y en un par al cuarto Carlos Mora.

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La corrida del Santo Patrón no tuvo más historia que el ambientazo anterior a su inicio y un par de toros con mala suerte. El que abrió plaza, pese a su mansedumbre de salida, terminó embistiendo con tranco y nobleza por el pitón derecho, lado que intentó aprovechar Juan Mora sin salirse de las rayas y, por ello, sin dar opción al toro para que embistiera sin apretar hacia las tablas. Es posible que la brisa que sopló en ese momento fue el motivo de la cautela del matador al elegir uno terrenos tan propicios para los vuelos de la muleta como inconvenientes para el toro que, por tardear y apretar para los adentros, deslució los estimables pases que Mora pudo lograr en tandas cortas que supieron a poco y que, entre pausas y paseos, administró en demasía. No obstante, parte del público jaleó al torero hasta que un infamante bajonazo calló a los favorecedores e irritó a los contrarios. Este toro había sido protestado por su relativa flojera y como el segundo fue aún más débil, las protestas arrecieron mientras "El Cordobés" se mostró incapaz de suplir con entrega y, sobre todo, con alegría su nada codicioso aunque noble embestir. Y salió el tercero tan suelto de capotes como sus anteriores hermanos pero metiendo la cara y galopando en el mejor estilo de su pura procedencia de Atanasio Fernández. Las garbosas e impávidas chicuelinas de Víctor Puerto demostraron la fijeza y la nobleza infinitas del animal, pero cuando el picador le alivió el castigo en dos puyazos simulados para cuidar sus pocas fuerzas, la gente del 7 empezó a gritar y algunos espectadores prosiguieron los silbidos hasta provocar a la presidencia que, sin razón, devolvió a los corrales el mejor toro de la tarde, quitando la oportunidad de triunfar a Victor Puerto y a los espectadores normales de disfrutar con el éxito del manchego. El remedio fue, como casi siempre, peor que la enfermedad y a partir de ahí se hundió la corrida. Nada pudo hacer Puerto con el parado sobrero de Guardiola, casi nada Mora con el mastodóntico cuarto de la ganadería titular, menos por triste y aburrido un "Cordobés" refugiado en precavidos tecnicismos que no le van ni corresponden a su personalidad jocosa, y solo un arrimón de Víctor Puerto al final de su inútil faena al sobrero sexto después de permitir que su picador lo masacrara en varas.