3ª DE SAN ISIDRO EN MADRID José Antonio del Moral

UN ESTRAFALARIO DAVID LUGUILLANO, A POCO DE TRIUNFAR CON LOS DOS ÚNICOS TOROS NOBLES Y ENTEROS DE UNA INVÁLIDA CORRIDA FERMÍN BOHORQUEZ, REMENDADA CON TRES SOBREROS IMPOSIBLES QUE SE TRAGARON FERNANDO CEPEDA Y JOSÉ LUIS BOTE, AMBOS SIN OPCIÓN NI SUERTE

Madrid. Plaza de Las Ventas. 14 de mayo de 2001. Tercera de feria. Tarde lluviosa y casi lleno. Tres toros de Fermín Bohórquez, bien presentados aunque desiguales en peso y hechuras que hicieron de primero, tercero y sexto. Estos últimos los únicos nobles y enteros de la flojísima corrida, remendada con tres sobreros descomunales e imposibles de Julio de la Puerta, Joaquín Moreno Silva y Juan José González sustitutos respectivamente de los devueltos segundo, cuarto y quinto. Fernando Cepeda (caña y oro): no pudo matar al primero que al echarse tuvo que ser apuntillado, silencio tras pitos al toro en el arrastre. Cuatro pinchazos más o menos hondos, silencio. José Luis Bote (marfil y oro: Pinchazo hondo saliendo rebotado y estocada baja trasera, silencio. Pinchazo, estocada perpendicular y descabello, silencio. David Luguillano (avellana y oro con remates negros): pinchazo hondo y descabello, aviso y gran ovación. Estocada contraria atravesada y dos descabellos, petición y vuelta. Muy bien en palos Luis Miguel Villalpando.

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Interminable y mojado festejo muy al estilo Madrid con toros inválidos de Bohórquez, tres sobreros y doble opción de triunfo para David Luguillano quien, a su modo y fiel a la versión más estrafalaria de su estilo, estuvo a poco de cortar una oreja del tercero y otra del sexto, las dos únicas reses aprovechables del saldo ganadero. Para esta ocasión, David estrenó un vestido más claro que los que suele enfundarse y una muleta gigantesca que utilizó a modo de telón en sus dos faenas, por cierto celebradas por la plaza como gloria caída del cielo. Sus indudables ganas merecen elogios, pero no sus trasteos en los que anduvo muy por bajo de las buenas condiciones de sus toros por su nobleza, fijeza y mayor fuerza que las de sus hermanos. Cuatro reses absolutamente imposibles que sumadas a los tres sobreros convirtieron la actuación de Cepeda y de Bote en meros intentos sin más resultado positivo que algún lance y un par de media de Cepeda, como siempre esperado por Madrid con la ilusión de verle interpretar verónicas de su exclusiva cosecha. La imposiblidad de lograrlas en el recibo del toro que abrió plaza y en el sobrero que hizo de cuarto, tan solo quedó compensada con un precioso aunque breve quite al tercero, el mejor toro del envío jerezano. Impotente frente a dos terribles sobreros, José Luis Bote se estrelló por completo y entre el fiasco cepedista y la nulidad de Bote, acontecieron las dos labores de Luguillano como dos oasis en medio de un desierto. Solo así puede comprenderse el entusiasmo del público con los telonazos que compusieron las dos faenas del torero de Valladolid, mal rematadas con la espada y por ello limitadas en la parte fundamental de la lidia. De haber acertado Luguillano con la espada habría salido a hombros por la Puerta Grande, materializando un dispendio absolutamente intolerable. No hay mal, pues, que por bien no venga.