14 de SAN ISIDRO José Antonio del Moral

MIGUEL ABELLÁN PERDIÓ UNA OREJA DE CADA UNO DE SUS TOROS POR FALLAR CON LA ESPADA TRAS DOS FIMÍSIMOS TRASTEOS EN UNA MALA CORRIDA DE "EL TORERO" CON LA QUE NAUFRAGARON "JESULÍN DE UBRIQUE" Y RIVERA ORDÓÑEZ

Madrid. Plaza de Las Ventas. 25 de mayo. Decimocuarta de feria. Calor y lleno total. Cuatro toros de "El Torero", propiedad de Salvador Domecq, sobradamente presentados y, por ello, fuera de tipo. Muy deslucidos por flojos el segundo y por gazapón el cuarto. El tercero y el sexto tuvieron recorrido pero tampoco resultaron fáciles. Por devolución del primero, se lidió un sobrero grandullón de Juan José González, tan débil o más que el de la ganadería titular. En quinto lugar se corrió un sustituto asimismo grandullón de Nazario Ibañez con muchas dificultades. "Jesulín de Ubrique" (lila y oro): Buena estocada, silencio. Dos pinchazos y estocada, silencio. Francisco Rivera Ordóñez (verde botella y oro): Dos pinchazos y trasera caída, silencio. Dos pinchazos y estocada, pitos. Miguel Abellán (marino y oro): bajonazo y trasera caída, vuelta al ruedo. Estocada muy trasera caída, palmas.

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Tarde muy desabrida la del regreso de Jesulín de Ubrique a Madrid, donde por las deslucidas condiciones de sus toros y en parte por no echar más carbón que el mínimo necesario para salir del trance como buenamente pudo, naufragó el gaditano que actuó en plan serio aunque dando la impresión de parecer una sombra de sí mismo. Ni en una sola ocasión se le vio motivado a "Jesulín" y menos entregado. Más entero y cumplidor anduvo Rivera Ordóñez, al menos con el segundo toro que embistió mucho pero sin clase para corresponder a idénticas intenciones del matador que se hartó de dar pases y más pases sin eco por su absoluta vulgaridad. Las pésimas condiciones del quinto toro de Nazario Ibañez que Rivera mató tan mal como al segundo, le pusieron en irresolubles aprietos que dieron lugar a la rechifla del sector contestatario de la plaza, preconcebidamente cruel con el duque consorte.

Y punto y aparte para Miguel Abellán quien, con algo más de suerte con su lote, dio prueba de su disposición en dos faenas firmísimas e importantes por cómo aguantó los violentos viajes de sus toros a los que templó mucho, logrando series muy ligadas - algunas muy intensas - sobre ambas manos que rindieron los tendidos a su favor. Podría haber cortado una oreja de cada uno de sus enemigos, pero su garrafal fallo a espadas le privó del triunfo, únicamente compensado con la vuelta al ruedo que la mayoría del público le obligó a dar una vez arrastrado su primer toro.