11ª DE SAN ISIDRO José Antonio del Moral
DOS OREJAS POLÉMICAS PARA EUGENIO DE MORA TRAS RESULTAR GRÁVEMENTE HERIDO AL ENTRAR A MATAR AL ÚNICO BUEN TORO DE UNA PÉSIMA CORRIDA DE DOMINGO HERNÁNDEZ EN LA QUE EL PÚBLICO SE MOSTRÓ DURÍSIMO CON UN MAGISTRAL "JULI Y "ESPARTACO" SE DESPIDIÓ SIN SUERTE DE MADRID
Madrid. Plaza de Las Ventas. 22 de mayo de 2001. Undécima de feria. Buen tiempo y lleno total. Seis toros de los dos hierros de Domingo Hernández, con mucha cara, justo peso y deslucidos e inciertos en distintos grados de fuerza salvo el segundo que resultó noble. "Espartaco" (almirante y oro): Pinchazo y estocada caída ligeramente atravesada, silencio. Pinchazo y media caída, palmas. Pinchazo y media caída, silencio. Eugenio de Mora (salmón y oro: Estocada tendida algo atravesada que ejecutó atracándose por lo que resultó prendido y herido a la altura del tercio medio superior de la cara interna del muslo derecho, pasando a la enfermería donde fue intervenido, dos orejas con muchas protestas por la concesión de la segunda. "El Juli" (lirio y oro): Dos pinchazos, y media estocada, palmas. Tres pinchazos y estocada, palmitas.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------
Pasión y sangre. Injustísima intransigencia con una gran figura que se iba y otra que apenas ha comenzado su carrera y cornada para el más modesto de la terna, a la postre único triunfador de un festejo que tuvo unos resultados contra todo pronóstico. La incertidumbre de la fiesta, pues, en toda su magnitud y conforme al famoso dicho: "El hombre propone, Dios dispone y el toro lo descompone", aunque en el caso de "El Juli" lo que descompuso su gran actuación ni siquiera fue su fallo a espadas, sino un muy amplio sector del público dispuesto a reventarlo. Víctima del comportamiento que desde hace más de 20 años viene dispensando la plaza de Las Ventas a las grandes figuras, el nivel de exigencia que tuvo que aguantar "El Juli" fue máximo, como si llevara más de diez años en la cumbre cuando solo lleva tres. También y cómo no, mortificaron a "Espartaco" sin guardar el más mínimo respeto a quien ocupó la cumbre del toreo durante más de siete años en la década de lo 80 y además se despedía de Madrid, plaza que por otra parte jamás le fue propicia, en consonancia a lo que está empezando a sufrir su segundo heredero en el trono tras ocuparlo Enrique Ponce.
Y por empezar con el más veterano que hubo de matar tres toros por el percance de Eugenio de Mora, decir que no tuvo suerte ni apenas aciertos, dada la baja forma física que padece, aunque hizo notorios esfuerzos para agradar que no tuvieron más eco que unas palmas cuando se entregó con el cuarto toro en la última parte de su faena de muleta. Distante y templado cuando pudo templar, sus tres faenas tuvieron similares características en un quiero y no puedo lastimoso pero digno. Quienes no anduvieron dignos fueron los que no fueron capaces de guardar el más mínimo silencio mientras "Espartaco" se jugaba el tipo. Precisamente por jugárselo en un toma y daca límite al entrar a matar a su primer toro, resultó herido un espléndido Eugenio de Mora tras aprovechar con el capote y muleta todas y cada una de sus buenas embestidas en una faena de alto nivel por temple y traza. Sin ser redonda, esta faena de Eugenio confirmó el gran momento que evidenció en Sevilla. La segunda oreja la pidió gran parte del público para compensarle de tan inoportuna cornada y, al concederla el palco, los de siempre formaron la marimorena en un alarde colectivo de mal gusto y peores sentimientos. !Cuantas se han concedido por bastante menos por la misma gentuza y las que todavía pueden conceder a quien yo sé, sin que nadie ose rechistar salvo el que firma ¡.
Pero el colmo de la intolerancia, de la intransigencia y del casi general desconocimiento llegó con las dos actuaciones de "El Juli", silenciado, siseado y hasta protestado a lo largo de las ejemplares y entregadas lidias que ofreció con sus dos pésimos enemigos, en sus manos mucho mejores de lo que fueron en realidad. Dos reses sin clase ni raza que nunca se entregaron, que nunca humillaron, que mantuvieron su incertidumbre desde que salieron hasta que fueron arrastradas y que no rompieron jamás pese a la inteligencia, el temple y la firmeza del joven maestro. Y es que aquí no se perdonan la facilidad, el éxito repetido y menos la fortuna. "El Juli", que no la tuvo en esta ocasión, la provocó gracias a su tierno magisterio. Con su variado capote - incluso recibió de rodillas desde el tercio al quinto repitiendo la suerte en sentido contrario -, con sus fáciles banderillas y con dos faenas super por encima de las condiciones de ambos toros en un alarde de valor que los imbéciles no supieron valorar porque "El Juli" lo tiene del que no se nota. Le esperan dos tardes más con las espadas en alto y ya veremos quien gana a quien la partida mortal.