1ª DE LA FERIA DE SAN ISIDRO José Antonio del Moral

DOS TOROS EQUÍVOCOS ENTRE SEIS DE UNA PÉSIMA CORRIDA DE HERNADEZ PLÁ Y LA PLAZA TAN LLENA COMO INJUSTA CON OSCAR HIGARES Y ALBERTO ELVIRA

Madrid. Plaza de Las Ventas. 12 de mayo. Primera de feria. Relativo calor y casi lleno. Seis toros de Hernández Plá, bonitos de lámina y justa presencia salvo el cuarto y sexto, más cuajados y únicos que dieron mejor juego. Mansos con peligro primero, tercero y quinto; y noble por el lado izquierdo aunque sin celo ni raza el tercero. Oscar Higares (fuscia y oro): Buena estocada, silencio. Buena estocada, silencio tras injustificada ovación al toro en el arrastre. Javier Vázquez (blanco y oro): Trasera caída y dos descabellos, aviso y división al saludar. Dos pinchazos, buena estocada y cinco descabellos, palmas. Alberto Elvira (palo de rosa y oro): Pinchazo hondo, dos estocadas y tres descabellos, silencio. Media estocada, ligera división.

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El llenazo habitual por San Iisidro volvió a sorprendernos en un primer espectáculo sin más alicientes que la relativa incertidumbre que acompaña a cualquier festejo taurino. Si esta misma corrida se hubiera celebrado en un domingo de verano, la plaza no habría cubierto ni un quinto de entrada. Así pues y de nuevo inmersos en el ya contrastado éxito del fracaso, asumo la consabida desigualdad en el comportamiento del público respecto a toros y toreros. La bonita y muy terciada corrida de Hernández Plá no habría pasado el reconocimiento si el cartel hubiera contado con figuras. En cualquier caso, cuando los toros salen tan imposibles como algunos de los de Hernández Plá sería más conveniente abreviar la lidia en lo posible y limitarse a machetear con la muleta antes de la estocada. Dada la modestia de los actuantes podemos comprender sus intentos inútiles e incluso su gratuita exposición pero no el aburrimiento que nos produjo Oscar Higares con el primer toro, Alberto Elvira con el tercero y Javier Vázquez con el quinto. Los tres, sin embargo, tuvieron mejor oportunidad con sus otros enemigos. Javier Vázquez consiguió medio aprovechar el pitón izquierdo del segundo en unos cuantos naturales que aun sin ligar gustaron hasta que su insistente pesadez diluyó los efluvios iniciales. Higares, con el también más noble cuarto, sufrió la afrenta de un público nada entendido porque estando por encima de sus mediocres condiciones - siempre embistió con la cara alta, sin rebozarse y saliendo suelto de la mayoría de los embroques - su elegante trasteo y sus varios muletazos sentidos y hasta cadenciosos no fueron apreciado porque la gente creyó que el toro había sido más bravo y mejor de lo que fue en su más pura realidad. Se movió mucho, incluso se arrancó de lejos al caballo para el primer puyazo, pero cantó la gallina en el segundo y no colaboró tanto con el matador en la muleta como acabamos de exponer. Ridícula por ello la ovación al toro en su arrastre e injustas las protestas contra el torero pese a matar con la mejor estocada de la tarde. Y casi otro tanto Alberto Elvira con el sexto que por muy encelado en la suerte de varas perdió gran parte de sus ímpetus, lo que provocó las iras del poco respetable público mientras Elvira muleteaba con no poca soltura. En conjunto, la corrida no pasó del plomazo habitual en Las Ventas por lo que no merece entrar en más detalles que producirían tanto o más aburrimiento que su contemplación en los tendidos.