ÚLTIMA DE SAN ISIDRO José Antonio del Moral
UNA ESPECTACULAR AUNQUE MALA CORRIDA DE VICTORINO MARTIN, CONTEMPLADA A FAVOR, PROVOCÓ EL CLAMOR DE LAS VENTAS GRACIAS A LA MAGIA ESCÉNICA DE LUIS FRANCISCO ESPLÁ QUE ANDUVO SOBERBIO CON LAS BANDERILLAS Y SE LA JUGÓ CON EL CUARTO TORO TRAS UN TERCIO DE VARAS MEMORABLE DE ANDERSON MURILLO DENTRO DE UN FESTEJO EN EL QUE UCEDA LEAL DEJÓ ESCAPAR OTRO TRIUNFO Y MANUEL CABALLERO TERMINÓ SIENDO LA ÚLTIMA VICTIMA DE LA FERIA
Madrid. Plaza de Las Ventas. Vigesimonovena y última de feria. 9 de junio de 2001. Tarde lluviosa y llenazo. Seis toros de Victorino Martín en el tipo más grande de la ganadería y con pavorosas cabezas. De juego vario y espectacular por su movilidad, salvo el sexto que se paró tras una salida veloz. Todos cumplieron en los caballos aunque manseando antes o después de sentir el castigo y llegaron a la muleta con problemas salvo el muy manso tercero que fue tan noble por el lado derecho como rajado e imposible por el izquierdo. Luis Francisco Esplá (burdeos y oro): Media estocada, petición insuficiente y gran ovación. Media estocada, petición mayoritaria no atendida, ovación clamorosa y vuelta al ruedo en unión del picador Anderson Murillo que ejecutó la suerte de varas con inusitada brillantez con posterior bronca a la presidencia. Manuel Caballero (nazareno y oro): Estocada trasera tendida y descabello, pitos. Pinchazo y estocada, pitos tras ser injustamente ovacionado el toro en el arrastre. Uceda Leal (grana y oro): Cuatro pinchazos y estocada trasera caída, aviso y ovación. Estocada, silencio.
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La clásica corrida fin de San Isidro con los "victorinos" como protagonistas resultó como en tantas otras ocasiones un espectáculo tan entretenido y emocionante como exageradamente celebrado por un público volcado de antemano a favor de toros y esta vez de dos toreros: un Luis Francisco Esplá en su mejor salsa y un Uceda Leal de nuevo con suerte y otra vez incapaz de triunfar con el mejor toro para el toreo de la tarde. El único receptor de las iras del caprichoso público fue Manuel Caballero, colocado innecesariamente en el cartel por sus apoderados que además son los empresarios de la plaza. El de Albacete salió de la plaza hecho polvo entre dos toros nada claros y la enemiga de los espectadores que no le dejaron ni colocarse como a tantos en esta misma feria. En cambio, qué clamores, qué perdones, qué bula gozaron el ganadero y el par de espadas predilectos.
Si en vez de anunciarse esta misma corrida a nombre de otro cualquiera y si con Caballero hubieran hecho el paseo Ponce y "El Juli", habrían reventado casi todo el festejo. Porque el primer toro se cayó dos veces nada más iniciar Esplá su primera faena y nadie osó rechistar. Claro que momentos antes Luis Francisco Esplá cuajó un tercio de banderillas tan pletórico como los de sus mejores tiempos y después sólo algún pase sin rematar en su teatral faena para la que incluso se pidió la oreja. El segundo tuvo la fuerza justa y resultó pésimo para la muleta. El tercero, tan manso en varas como noble por el lado derecho, proporcionó a Uceda Leal la oportunidad de triunfar por todo lo alto. Bien a la verónica Udeca en el recibo y aunque fue muy difícil para banderillear, llegó a la muleta por el lado derecho para cantarlo en latín. Uceda, que brindó la faena a José María Manzanares, hizo honor al maestro con dos de ayudados por bajo iniciales y un par de tandas con la mano diestra sin que el toro aceptara los de pecho, pese a lo cual cometió Uceda la torpeza de intentar el natural sin resultados, cuando lo inteligente hubiera sido continuar por redondos ligados a los de pecho diestro tras cambiarse de mano el engaño. El bajón que pegó la faena fue garrafal y cuando el madrileño quiso volver al lado bueno, el toro se rajó como venía anunciando. Varios pinchazos terminaron por emborronar la desigual faena y Uceda tuvo que conformarse con una ovación.
Llegó a continuación el momento estelar de la corrida con un toro que se arrancó de largo tardeando y, tras recibir tres varas maravillosamente ejecutadas por Murillo, se salió suelto. Lo que no importó para que fuera tenido por bravísimo. Murillo tuvo que destocarse y saludar entre clamores que continuaron mientras Esplá completaba otro extraordinario tercio con los garapullos antes de iniciar una faena imposible por el peligro del toro. En la creencia de que el animal iba mejor por el lado izquierdo, Esplá logró un par de naturales y al intentar un tercero resultó alcanzado, volteado y vuelto a coger de modo espeluznante. Zafado de las asistencias, volvió la ponerse delante del bicho con la zurda en gesto de valor que enardeció al público, asimismo volcado con Luis Francisco cuando macheteó de pitón a pitón como si aquello fuera la faena de Ordóñez con el Pablo Romero del 65. Ya está descrito en la reseña que la petición de oreja fue tan nutrida como ruidosa y menos mal que esta vez el presidente frenó los efluvios del alocado gentío.
Luego de tan desproporcionada apoteosis, la corrida se hundió con los dos toros peores y ya de imposible júbilo salvo cuando Esplá, en un alarde de exclusiva desfachatez, se permitió el lujo de hacer un quite al sexto limitándose a dar una sola revolera que otra vez provocó el clamor del gentío. La repanocha. La leche en bicicleta. Lo que ustedes quieran aunque tampoco faltó quien a poco salir e inmediatamente de pararse el sexto toro gritó desde los tendidos: "!! Victorinooo: morucheeerooo ˇˇ". No importa. Seguro que le darán más de un premio.