24ª DE SAN ISIDRO José Antonio del Moral

LOS ANTIGUOS "BARCIALES" DE VICTORINO MARTÍN A NOMBRE DE "MONTEVIEJO", MÁS PARA UN ZOOLÓGICO QUE PARA LA LIDIA, UN DESASTRE ANUNCIADO QUE TRAGARON CON GRAN DIGNIDAD "EL FUNDI", JOSÉ IGNACIO RAMOS Y JUAN JOSÉ PADILLA

Madrid. Plaza de Las Ventas. Vigesimocuarta de feria. 4 de junio de 2001. Calor con rachas de viento y casi lleno. Seis toros de "Monteviejo", de hermosa estampa, variado pelaje y tremendos pitones. Todos manso en distintos grados de fuerza y de peligrosidad que impidió el toreo. "El Fundi" (nazareno y oro): Hábil estocada desprendida, silencio. Estocada tendida, silencio. José Ignacio Ramos (caña y oro): Dos pinchazos y dos descabellos, aviso y silencio. Pinchazo y estoconazo de entrega, gran ovación. Juan José Padilla (salmón y oro): Buena estocada a toro arrancado, silencio. Dos pinchazos y estocada, silencio.

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Hay corridas de resultado cantado y más cuando se lidian las reses que Victorino Martín compró hace años de la antigua ganadería de "Barcial" y que se anuncian a nombre de "Monteviejo". El listo paleto de Galapagar se vale de su fama para venderlas cuando puede y en esta ocasión el "timo" tuvo carácter de clamoroso atraco dada la categoría de la feria donde entraron. Toros para un zoológico o para disecarlas y exhibirlas en un Museo de Ciencias Naturales al lado de los Diplodocus. Pero no para que tres desesperados tengan que tragar el envite sin que, a la postre, les sirva de nada jugarse la vida sin la más mínima posibilidad de triunfar. De no haber sido los tres especialistas en el tercio de banderillas, el festejo hubiera sido infumable. Pero asumido el marrón, los segundos tercios que compartieron "El Fundi", Ramos y Padilla en los tres primeros toros, compensaron con creces de los apuros que pasaron en la brega inicial y en sus trasteos muleteriles. Bastante hicieron los tres con zafarse como pudieron de las intenciones criminales de sus terribles oponentes y, sobre todo, con matarlos a estoque con prontitud y no poco acierto. "El Fundi" en el cuarto y, sobre todo, José Ignacio Ramos en el terrorífico quinto - ambos cinqueños muy pasados - ofrecieron una lección de hombría y de agallas al parearlos en solitario, ponerse por delante por los dos pitones con la muleta, intentar redondos y naturales y matarlos como si fueran bravos y nobles. De haberse celebrado el festejo en una corrida del siglo XIX, el madrileño y el burgalés habrían sido sacados de la plaza a hombros por los espectadores. No tanto Juan José Padilla quien, pese a su buen aspecto, evidenció una merma de ánimo más que considerable respecto al de sus colegas, renunciando a banderillear al sexto. Nada extraño tras las dos tremendas cornadas que acaba de sufrir en San Sebastían y en Sevilla en sus respectivos recibos a porta gayola de un toro de Victorino y otro de Miura. De continuar así, no sé como este legionario de Jerez va a superar su anunciada encerrona con seis "miuras" en la próxima feria de Bilbao. Los sobresalientes ya deben estar con el agua al cuello.