21ª DE SAN ISIDRO José Antonio del Moral

SORPRENDENTE PETARDO DE JOSÉ TOMÁS QUE POR INCAPAZ Y MEDROSO DEJÓ ESCAPAR EL MEJOR TORO DE UNA VULGAR CORRIDA DE ADOLFO MARTÍN NEGÁNDOSE A MATARLO TRAS VARIOS INTENTOS CON LA ESPADA Y EL DESCAABELLO POR LO QUE ESCUCHÓ LOS TRES AVISOS EN MEDIO DE UN MONUMENTAL ESCÁNDALO APENAS COMPENSADO POR LA OREJA QUE CORTÓ UN VALIENTE MIGUEL ABELLÁN DESPUÉS DE QUE "JOSELITO" SE MOSTRARA PESADO Y MUY POR BAJO DE SU FAMA

Madrid. Plaza de Las Ventas. Vigesimoprimera de feria. 11 de junio de 2001. Tarde bochornosa y lleno a reventar. Seis toros de Adolfo Martín, mal presentados y en general apagados en el último tercio tras su duro castigo en varas. Los tres primeros inadmisibles para Madrid y algo más cuajados los otros tres aunque sin cara como sus hermanos. Por más nobles aunque solo por el lado izquierdo destacaron el tercero y, sobre todo, el quinto. "Joselito" (corinto y oro): Pinchazo y estocada, silencio. Pinchazo hondo sin soltar y bajonazo alevoso, pitos. José Tomás (amapola y oro): Estocada caída, silencio. Cuatro pinchazos, otro hondo y tres descabellos negándose a seguir intentándolo hasta escuchar los tres avisos por lo que fue apuntillado el toro en medio de la bronca general con arrojo de almohadillas. Miguel Abellán (blanco y plata): Bajonazo accidental, oreja algo protestada. Pinchazo y estocada, ovación. Resultó herido de un leve puntazo en el muslo derecho al ser cogido por el tercero, pasando a la enfermería tras pasear el ruedo y regresando al ruedo antes de la salida del sexto. Los tres espadas brindaron la muerte de sus primeros toro a S. M. El Rey Don Juan Carlos I que ocupó una barrera.

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El último mito del toreo empezó a venirse abajo en su primera actuación isidril y en la segunda, la más esperada de esta feria, pareció derrumbado por completo. Aunque no era la primera vez que José Tomás se negaba a rematar un toro - lo hizo en la pasada feria de Salamanca - en esta ocasión madrileña y ante el Rey nunca le hubiéramos imaginado capaz de tanta desvergüenza y chulería. No se trató de un toro imposible sino, muy al contrario, el mejor con mucho del pobre envió de Adolfo Martín quien, a partir de ahora, debería dedicarse a otros empeños. Tomás, que salvo en un templado quite en el segundo pegó ya el petardo con la muleta sin jugarse un alamar ni dar un solo pase completo, alcanzó grados de manifiesta incapacidad con el quinto mencionado en una sucesión de trapazos con la izquierda - imposible llamarlos naturales - casi todos sucios y más los ligados de pecho, también enganchados en su mayoría. El público, no tan volcado de antemano con el mito como en otras ocasiones, contemplaba atónito la escena, pero una vez desistir el diestro con la muleta y al pinchar cinco veces, empezaron las protestas que se convirtieron en tumultuosa bronca cuando Tomás se inhibió tras escuchar dos avisos al tiempo que descabellaba por tercera vez. Voluntariamente ajeno a la galerna y haciendo alarde de incalificable comportamiento profesional, esperó a que sonaran por tercera vez los clarines en el bochornoso intento de pretender tapar con el escándalo su más que pésima actuación. Casi lo mismo que en su anterior corrida cuando, tras pinchar varias veces y echarse el toro, intentó levantarlo pesa a que ya había escuchado dos avisos. Mucho se va a hablar y a escribir de ambos sucesos, desde luego, pero lo seguro es que de esta feria sale tocado irremisiblemente este hombre tenido y cantado como semidiós por los atrevidos que se han dedicado a crear su desproporcionada leyenda.

Para qué hablar de "Joselito" quien, con dos toros sin resuello, salió anulado de la plaza y, al igual que Tomás, en clamorosa contraposición al muy dispuesto y valiente Miguel Abellán que fue el único que dio la cara y estuvo a la altura de la importante cita, como bien demostró en su muy buena faena por naturales con el tercero, sin importarle la herida que le produjo la cogida que sobrevino al intentar el toreo con la derecha. Lamentable que se le fuera el estoque a los bajos en su contundente estocada por lo que a muchos nos pareció excesivo el premio que había ganado con la faena. Con el último y ya bajo la conmoción general por el escándalo tomasista, quiso mucho de nuevo Abellán, expuso otra vez y hasta volvió a ser cogido sin que le importara la voltereta para seguir toreando y matar aunque sin los buenos resultados anteriores.