18ª DE SAN ISIDRO José Antonio del Moral

UCEDA LEAL, MUY POR BAJO DE UN GRAN LOTE DE "ALCURRUCÉN" Y CON EL PÚBLICO A FAVOR, PERDIÓ LA OPORTUNIDAD DE SU VIDA PARA LANZARSE AL ESTRELLATO

Plaza de Las Ventas. 29 de mayo de 2001. Decimoctava de feria. Calor sofocante y casi lleno. Seis toros de "Alcurrucén" muy bien aunque desigualmente presentados y con tremebundas cabezas. Extraordinariamente noble el segundo, franco aunque mansito el tercero, noble el quinto. Tardón e incierto el primero, sin fuerza alguna el cuarto y manejable aunque con la cara muy alta el sexto. José Luis Moreno (celeste y oro): Buena estocada y descabello, silencio. Pinchazo y estocada, silencio. José Ignacio Uceda Leal (azul purísima y oro): Estoconazo trasero caído, petición menor y vuelta al ruedo. Dos pinchazos y estocada atravesada, aviso y ovación. Jesús Millán (lila y oro): Dos pinchazos y descabello, división al saludar. Media estocada, palmas.

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Esta plaza no tiene remedio. Se pone de parte del más medroso y a la contra del que iba a por todas. Así ocurrió con Uceda Leal quien, a pesar de caerle un lote soñado, fue constantemente ovacionado pese a no ser capaz de aprovecharlo como merecían los dos toros que lo conformaron. Un lote de consagración que, para colmo, lució el propio torero con dos faenas en las que apuntó el gran toreo que sabe hacer de salón pero no delante de los toros aunque sean tan buenos como el segundo y el quinto que mató, mal por cierto. Quizá el torero achaque a este fallo en la suerte suprema no haber cortado orejas y, aunque no le falte razón, los pocos buenos aficionados que había en la plaza se dieron cuenta de que el segundo se le fue con veinte muletazos sin pegar y el quinto con algunos menos. Uceda toreó a los dos tenso como una ballena, anunciando retóricamente una ejecución que casi nunca se correspondió con lo que ambos toros pedían y se paseó entre tandas más que los modelos en las pasarelas. La corrida tuvo por ello muy mala suerte porque si este lote le hubiera caído a José Luis Moreno e incluso a Jesús Millán, podrían haber salido a hombros por la Puerta Grande.

Moreno tuvo la negra con un toro muy tardo que embistió a la defensiva y con un inválido que fue muy protestado con razón. No la tuvieron, sin embargo, las inclementes e injustas protestas del tendido 7 durante la lidia del tercero y del sexto que le correspondieron a Millán. Más cortitos y bajos que sus hermanos pero muy armados. Al tercero le hizo Moreno un quite por chicuelinas y lenta revolera sin escuchar un solo aplauso, cesando el griterío en banderillas por los muy buenos pares que le pusieron, ambiente que aprovechó Millán para empezar su faena con estupendos redondos, largos y templados, sin lograr la anuencia de sus detractores. El toro se abría en cada emboque y, como no se rebozaba con el torero, algunos pensaron que faltaba ajuste. También toreó al natural aunque sin tanta limpieza, finalizando con dos pases circulares completos que no llegaron a los fríos tendidos pese al calor que hacía. Pinchó Millán y perdió por ello la apuesta aunque estoy seguro que de haber acertado a la primera tampoco le hubieran pedido la oreja. Con el muy corto sexto que no cesó de puntear por las alturas, Millán hizo un esfuerzo notable sin lograr que los reventadores lo reconocieran.