TERCERA DE FALLAS EN VALENCIA José Antonio del Moral
PRECIOSOS AUNQUE BLANDOS TOROS DE PABLO ROMERO Y TRIUNFO DE JUAN JOSÉ PADILLA
Valencia. Tercera corrida de Fallas. Tarde fría y dos tercios de entrada. Cinco toros de "Partido de Resina" (antes Pablo Romero), bien aunque desigualmente presentados, nobles y muy flojos en general, destacando por más enteros, segundo y sexto. Por devolución del inválido quinto, se corrió un sobrero de Fermín Bohorquez, grandullón, mansote y manejable. Oscar Higares (verde ingles y oro): Estocada atravesada que hizo guardia, cuatro pinchazos y dos descabellos, silencio. Estocada y descabello, silencio. Juan José Padilla (salmón y oro): media sin soltar, pinchazo y estocada, vuelta al ruedo. Estoconazo, oreja. Raúl Blazquez (abellana y oro): Dos pinchazos, atravesada y estocada, silencio. Estocada, fuerte petición y vuelta con bronca a la presidencia por no conceder el trofeo.
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La preciosa estampa de los "pabloromeros" compensó la desesperante falta de fuerza de la mayoría hasta que saltó el quinto, se cayó más que sus hermanos y la gente, cansada de tantas caídas, obligó a devolver el animal a los corrales porque el toro le correspondía a Juan José Padilla y no era cuestión de perder la oportunidad de verle otra vez tan valiente y dispuesto como en su anterior enemigo. Los otros dos espadas habían naufragado y Padilla se había mostrado pletórico de facultades y tan entusiasta como de costumbre con el tercer toro. Atravesó el ruedo para recibirlo con una larga de rodillas a porta gayola, repitió el arriesgado lance tres veces más, colocó al toro ante el caballo con hermosas chicuelinas al paso, banderilleó con apostura, seguridad y precisión en tres pares espléndidos y como el animal llegó a la muleta noble y suficientemente entero, cuajó una faena muy clásica y limpia sobre ambas manos en la que por buena colocación, precisa técnica y no poco temple, convenció a todos. La obra, merecedora de dos orejas por su redondez, quedó sin embargo emborronada por el deficiente manejo de la espada del torero jerezano y la cosa quedó en una vuelta al ruedo de las de verdad. Con el sobrero de Bohórquez, en principio manso, difícil y finalmente manejable aunque de corto recorrido en su embestir, Padilla se reafirmó en sus propósitos y redondeó su gran tarde con más pares de banderillas y otra faena distinta a la anterior. Echó mano de recursos efectistas, se puso muy cerda de los pitones, sacó muletazos aislados pero angustiosos y esta vez acertó a la primera con la espada, provocando la mayoritaria petición de oreja que el palco concedió por ley y pienso también que para premiar su actuación anterior. Buena tarde pues de Padilla que ha empezado la temporada dando pruebas de una gran preparación física y mental.
El resto del festejo careció de interés a cuenta de la flojera del ganado y la poca habilidad de los otros dos espadas. Menos mal que el sexto toro, manso y a la postre manejable, dio lugar para que Raúl Blazquez se luciera con la muleta hasta componer una faena de más a muy menos que, por no esperada, supo a más de lo que realmente fue. De ahí la negativa de la presidencia a dar la oreja pedida con clamor y la bronca que siguió contra el palco por no conceder el trofeo que tanta falta le hacía al modesto valenciano.