PARA EL CORREO DE ANDALUCÍA.- 15 de abril 2001. José Antonio del Moral

INTRAHISTORIA DE "ESPARTACO"

Esta tarde torea "Espartaco" en el escenario clave de su vida profesional y lo hace en el momento más íntimamente difícil y hermoso de su larga carrera. Anunciando un adiós pese a estar ya dentro de la historia por no querer dejar de ser y en el intento de superar cuanto desde su reaparición ha limitado involuntariamente sus enormes cualidades. La batalla interior del gran torero en su postrera temporada no debemos contemplarla con temor ni lamentos sino con el enorme respeto que merece quien ha mandado en el toreo durante casi dos lustros y, en esta distante ocasión, con más autoridad que nunca. La que se ha ganado por derecho propio.

La afición de Sevilla sabe más que ninguna otra quien fue "Espartaco": El torero más permanentemente regular en el triunfo y el más templado de cuantos hasta él habían iluminado el firmamento y, por ello, uno de los más grandes de todos los tiempos. Tanto fue así que mientras transcurrieron sus mejores años, su creciente destreza y lo indeclinable de su ánimo lindaron con lo milagroso. Pero como todo en la vida tiene su fin, aquel semidiós dejó de serlo y ahora nos encontramos ante el hombre en sus más delicadas circunstancias, lo que autentifica en mayor grado, si cabe, su ejemplaridad como torero.

Desde que le conocí en "Cantora" donde "Paquirri" le enseñaba como aprender a ser "yunque" y al presentarnos me dijo "éste es el que me seguirá en el trono porque es el único capaz de aguantar el tirón que impongo a cuantos aquí vienen", nadie me ha convencido más de lo enormemente difícil que es ser figura del toreo. Porque "Espartaco" lo consiguió sin adornos pero convencido, lo mantuvo contra viento y marea hasta mitificarse y ahora intenta poner broche a la proeza sin la completa ayuda de su cuerpo, a solas con su alma, únicamente por satisfacción personal. Reto que le honra como hombre y nos acerca sentimentalmente a la verdad real del toreo. Suerte, maestro.