TEMPORADA 2000 José Antonio del Moral
IMPREVISIÓN, INCONSTANCIA Y BAJA GANADERA
La precoz y para algunos imprevista consagración de "El Juli" como primera figura, la inesperada perdida de regularidad en el triunfo de quien venía ocupando el trono desde hacía ocho años - Enrique Ponce - hasta recuperarla con increíble fuerza muy avanzado agosto, la limitada campaña de José Tomás pese a la permanencia de su impacto, la perdida del sitio y el descrédito de Morante a raíz de su cornada en la feria de Sevilla y las no confirmadas expectativas que habían levantado Manuel Caballero, "Finito de Córdoba", Víctor Puerto y Miguel Abellán, definen el año 2000 como decepcionante aunque no por ello interesante pese al descalabro casi general de la materia prima ganadera. Una vez declarados los triunfadores en los distintos medios - sorprendente por no llamar ridícula la insistencia con José Tomás, proclamado vencedor en solitario por una emisora de radio gracias a una encuesta manipulada, y forzadamente "ex-equo" con "El Juli" por la revista que viene defiendo contra viento y marea al de Galapagar, mientras los demás se decantaban por Julián López - nos llega el momento de entrar en matices.
A una temporada le sigue otra y las valoraciones de cada una se expresan con intención futurista. La primera consecuencia de cuanto ha ocurrido en el 2000 es constatar que tan solo tres toreros han logrado mantener el más alto "caché" de cara al próximo curso: "El Juli", Enrique Ponce y José Tomás. El primero por cuanto ha progresado técnica y artísticamente contra los pronósticos de los que no le creían capaz de cuajar como muletero de excepcional poder y, sobre todo, por responsable y nada esquivo a los compromisos que toda figura ha de superar para serlo de verdad. "El Juli" ha conquistado así un primer puesto que refrenda su indiscutible tirón popular.
Enrique Ponce, porque pese al desgaste que supone estar en lo más alto durante tantos años sin declinar ninguna cita y al bache inicial que ha padecido en su novena campaña con más de 100 festejos - no solo por su mala suerte con los toros en las plazas de primera categoría y por su peor y más larga racha con la espada, sino por un inexplicado ablandamiento en su habitual espíritu de lucha -, demostró una vez más su capacidad de reacción, superándose a sí mismo y a sus más cercanos rivales en un final de campaña realmente clamoroso, lo que añadido a su inigualado e histórico palmarés, devuelve su crédito al lugar de privilegio que venía ocupando, aunque ya por encima de bien y del mal, aparte puntuales contiendas por venir.
Y José Tomás porque aún sigue gozando de las preferencias de los aficionados que hace tres años le eligieron incondicionalmente como favorito. Pero Tomás tiene una cuenta pendiente muy cara de cumplir: completar triunfalmente al menos un par de temporadas, desde Fallas a Jaén, pasando por Sevilla, Madrid, Pamplona, Bilbao y Zaragoza. Y hacerlo frente a toda clase de ganado, fiel al estilo que le ha dado fama y sin remilgos ni vetos. Con o sin televisión. De ahí que el alto rango que pretende dependa más de su administración que de sus innegables cualidades porque, a partir de ahora, ni sus más rendidos admiradores van a tolerar sus acostumbradas huidas. Ni siquiera los cambios que últimamente ha experimentado para mal en su manera de torear en la que continúa sin templar ni corregir su "estar" casi siempre a merced de los toros. Algo que subyuga a los públicos a la vez que agota a cualquiera, por valiente que sea. El año que viene está obligado a despejar su gran incógnita: Si su renuncia a dar la cara en las grandes plazas es para evitar mayores riesgos o los asume con todas sus consecuencias, independientemente del bajo perfil y escaso rendimiento económico que, hasta ahora, le ha supuesto negarse a ser televisado.
Respecto a los demás, un volver a empezar sin que se pueda prescindir de su presencia porque "no hay más cera que lo que arde" y conforman una segunda fila imprescindible aunque conformada en cuanto a pretensiones económicas y electivas Entre ellos y por delante, Manuel Caballero sigue siendo la cola del león. Sin obviar sus triunfos en casi todas las plazas, queda pendiente Madrid, en donde por unas razones u otras no acaba de superar las dificultades anímicas que padece cada vez que pisa Las Ventas, lo que le sume en evidente depresión hasta que la supera.
"Finito de Córdoba", porque se ha conformado con representar el papel de gran tecnócrata - mayor seguridad lidiadora, escasa entrega artística - y, aunque en algunos sitios dio la medida que corresponde a su inigualable "porte", pareció refugiarse en su nueva y más cómoda administración.
"Morante de la Puebla", esperanza verdiblanca y, para muchos, talismán añorado desde hacía mucho tiempo, porque no pudo o no supo darse cuenta de sus limitaciones, perdiendo tras dos graves percances ese "justito" valor que, en el filo de la navaja, sostenía unas maneras ciertamente exquisitas por su gracia y donaire. Y por no haber acertado en su administración, despreciando una "exclusiva" que habría sostenido mejor su resquebrajada moral. El caso de Morante ha sido el más desconsolador del 2000 por lo que está obligado a reconstruirse por completo, sobre todo tras la retirada de Curro Romero, el suceso más sonoro del año.
Miguel Abellán, vehemente y temerario a la par que valioso, porque a la expresión de su toreo le falta serenidad y le sobra torpeza. Tiempo al tiempo. Aunque sus frecuentes percances no le han supuesto mayores dolencias físicas, de persistir podrían minar su moral. De cualquier manera, la irregularidad de sus éxitos sigue pesando en la balanza negativa de cara a su futuro.
Y Víctor Puerto, resucitado de sus propias cenizas con mérito incuestionable y hasta capaz de transfigurar para lo bueno cuanto de falaz le había hundido, por haber jugado excesivamente entre una versión y otra - serio y clásico en las plazas importantes, demagogo para la galería en los pueblos - y por su inexplicable descalabro en su "encerrona" con seis toros en la feria de Otoño de Madrid inmediatamente después de triunfar por lo grande en Sevilla. Lo que podría haber sido un desmarque hacia la cima, terminó por dejarle en el primer pelotón.
El reaparecido "Joselito" tampoco logró todo lo que se proponía aunque fue el más beneficiado de la muy hábil operación de Martín Arranz con José Tomás. Al actuar muchas tardes por delante de los mejores mantuvo su rango de gran artista irregular, papel que seguirá protagonizando en todas las combinaciones posibles que las empresas diseñen con el trío de ases. Cuestión mucho más difícil de conseguir por Juan Mora, Luis Francisco Esplá y "Luguillano", vistos hasta la saciedad.
Acompañar o rellenar, con más o menos intensidad, en algunos carteles de lujo es a lo todavía aspiran los Rivera Ordóñez - una vez perdida la gran categoría que gozó en sus tres primeros años de alternativa, ya muy costosa de recuperar - y, no digamos, los "alfiles" Eugenio de Mora, Uceda Leal, Juan Bautista, con una novedad que habrá que tener en cuenta: Jesús Millán, bastante mejor que la mayoría de los que figuran en la segunda fila. Caso aparte por su muy desgraciada y floja campaña, Manuél Díaz "El Cordobés".
Y entre el grupo de "leones", con Pepín Liria y "El Tato" a la baja, se comió a todos Juan José Padilla - insustituible en las corridas duras y en alza notable -, no acabó de romper "El Califa" tras su gran triunfo en San Isidro, continúa en situación de espera José Luis Moreno pese a sus casi siempre malogradas grandes faenas, persiste indefinido e indefinible Dávila Miura y aguanta como puede Oscar Higares.
Respecto al ganado bravo, en el 2000 tan solo José Tomás y "Joselito" resultaron ampliamente beneficiados por elegir para la mayoría de sus actuaciones los productos Domecq - Juan Pedro, "Zalduendo" (con excelentes camadas ambos aunque siempre en plazas de segunda y de tercera), en menor cantidad "Jandilla" y derivados como Victoriano de Río y con mayor rendimiento en casi todas sus comparecencias "Torrealta", incluso en plazas de compromiso - mientras el resto asumió el desastre casi general por escasa fuerza, franco descastamiento y, en determinados casos, por genio intratable. Un año con más caídas y más toros parados que nunca.
En Sevilla embistieron algunos toros sueltos y en el largo ciclo isidril también, incluso algunos lotes completos. Pero en las ferias que siguieron - habitualmente mejores en el juego del ganado por lidiarse más en tipo y con menor peso- no levantamos cabeza hasta muy avanzado agosto, salvo la eterna excepción de Victorino Martín aunque también "pinchó" con sus dos últimas corridas en Madrid y Zaragoza. Los demás - incluidos los hierros "toristas" - se hundieron o salvaron los muebles en ocasiones puntuales. Tales los casos de "Torrestrella" que lidió una gran corrida en El Puerto; Atanasio, con otra muy buena en Bilbao; las pequeñas de Samuél Flores porque en las grandes echó hijos de un terrible semental que debería enviar al matadero; algunas de "El Pilar"; y de modo irregular aunque casi siempre encastadas, las de Núñez del Cuvillo.