FERIA DE SEVILLA José Antonio del Moral

COGIDA GRAVE DE EMILIO MUÑOZ Y GRAN TRIUNFO DE DÁVILA MIURA

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. Novena de feria. Tarde de lluvia intermitente y lleno. Seis toros de Joaquín Núñez del Cuvillo, bien aunque desigualmente presentados y de juego diverso con predominio de los buenos. Por más nobles destacaron segundo y, sobre todo, el magnífico sexto. Y por más difícil el peligroso quinto. Emilio Muñoz (marino y oro): Resultó gravemente herido al ser corneado en el vientre por el primero que mató de seis pinchazos y descabello Francisco Rivera Ordóñez (celeste y oro): Pinchazo y buena estocada, ovación. Pinchazo hondo, media tendida y descabello, palmas. Eduardo Dávila Miura (grana y oro): Media estocada, palmas. Estocada trasera caída, aviso y ovación. Gran estocada, dos orejas. El picador Diego Ortiz sufrió rotura de una tibia cuando picaba al quinto toro.

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En la irregular corrida de Núñez del Cuvillo hubo de todo dentro de una notable mejoría respecto al juego de las que llevamos padeciendo. Sin embargo y hasta que salió el sexto toro, el más bravo, fijo y claro del encierro que cuajó de cabo a rabo Dávila Miura triunfando por partida doble de orejas, la tarde transcurrió vulgar, artísticamente hablando, sobre todo tras la impresionante cogida de Emilio Muñoz en plena faena con el toro que abrió plaza. Hermoso y muy encastado, fue toro de poder con él antes de torearlo con relajo, lo que un muy dispuesto Muñoz no consiguió en el plausible intento de sacarse la espina de su anterior actuación, costándole una cornada y el disgusto de verse otra vez más en la cama. Además llovió con intensidad durante la faena y entre los paraguas pudimos ver la espantosa mirada de Emilio con la cara ensangrentada mientras se echaba las manos al vientre por donde había sido herido. Incidental jornada con un picador lesionado y un banderillero a punto de la tragedia al ser prendido por el pecho en un par de angustia, el festejo se tradujo en un obligado mano a mano que en principio no tuvo interés porque Rivera Ordóñez mató muy mal al toro que acababa de cornear al trianero, no anduvo a la altura de su buen primer toro y, aunque se la jugó en el recibo del peligroso quinto con una larga a porta gayola de infarto, a la postre no tuvo más oportunidad que zafarse como pudo de las aviesas intenciones de este su último oponente. Un Rivera de actitud calcada a la de su primera actuación ferial. Valiente y correcto pero con alma de tramite en su mejor versión frente al gran segundo del que perdió una posible oreja por pinchar cerca de las tablas donde se había ido el toro tras rajarse, remediando el fallo Francisco cuando, con acierto, sacó al bicho de su querencia para enterrar allí el acero por completo sin complicaciones.

Punto y aparte para Eduardo Dávila Miura que entró en la corrida de "pobre" sustituto y salió enriquecido y a hombros por la Puerta Principal. Podría haber logrado la del Príncipe de haber andado más definitivamente centrado y, sobre todo, más templado con sus dos primeros toros, francamente manejables pese a su irregular embestir, pero terminó completamente feliz y con más perspectivas para su inmediato futuro al triunfar sin discusión con el gran toro "Cubierto" tras su gran faena en los medios del ruedo. Allí se emplazó el toro tras las banderillas y allí lo "reventó" el nieto de Miura. Soberbias tandas con derecha que inició citando para el primer pase desde lejos, naturales largos como un río, de pecho en círculo lentísimos, un ramillete con la zurda pies juntos que abrochó de igual guisa con un pectoral francamente bonito y un estoconazo de padre y muy señor mío del que rodó el toro sin puntilla. Enhorabuena.