FERIA DE SEVILLA José Antonio del Moral
PODEROSA OREJA PARA MANUEL CABALLERO
Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. Sexta de feria. Tarde medio nublada y dos tercios largos de entrada. Seis toros de " Torrestrella ", bien presentados con mucho poder e incómodo temperamento, salvo el quinto que rompió a más noble y el sexto, dócil aunque muy soso y flojo. Emilio Muñoz (nazareno y oro): Pinchaazo, media estocada caída y cinco descabellos, pitos. Seis pinchazos y bajonazo, bronca. Manuel Caballero (blanco y oro): Estoconazo ligeramente atravesado y descabello, ovación. Gran estocada, oreja con petición de otra y vuelta clamorosa. Manuel Díaz "El Cordobés" (barquillo y oro): Media estocada, silencio. Pinchazo y estocada, palmitas.
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La firmeza y el temple, el no ceder terreno ante el acoso de los toros bravos y temperamentales, mas conducirlos desde que salen hasta que mueren sin permitir que los pitones enganchen los engaños, son las armas fundamentales del toreo. Nunca nos cansaremos de repetirlo. Claro que, los pocos que lo aplican sin desmayo ante toda clase de ganado, son los que tienen valor para llevarlo a cabo. Uno de estos privilegiados es ahora mismo Manuel Caballero y por eso triunfó ayer en La Maestranza frente al quinto toro de don Alvaro Domecq. Un animal con gran trapío, con bravo poder y con una nobleza tan escondida que solamente podía descubrirla un torero de tanta envergadura anímica, con tanto poder y con tanta intuición como el diestro de Albacete. Muy pocos ahora mismo, y me sobran tres dedos de la mano, son capaces de cuajar un toro de estas características y menos en esta plaza tan atenta a cualquier fallo o detalle. Caballero empezó por mandar con el capote en el recibo con cuatro verónicas y media rodilla en tierra sin ceder un solo palmo de terreno pese a lo que el toro apretó para las tablas. Magníficamente lidiado por el peón José Antonio Carretero, tanto en la brega del primer como del segundo tercio, llegó a la muleta pidiendo guerra y guerra se encontró. Tres muletazos por bajo con la derecha y otros dos en redondo bastaron a Caballero para hacerse el amo de la situación hasta que, sometido el toro por su lado más áspero, descubrió al empalmar un natural tras cambiarse de mano la muleta, que el mejor pitón era el izquierdo, mostrándose enseguida por el sito de los mejores naturales que interpretó en dos soberbias tandas ligadas al de pecho para regresar al lado por donde el bicho había protestado, en la seguridad que por ahí también era posible darle sitio y fiesta. Lo que evidenció el bicho ya completamente domeñado y entregado finalmente a una estocada hasta las cintas, mientras en los tendidos estallaba la ovación y el mar de pañuelos demandando la oreja con más peso específico que hasta ahora se ha cortado en la feria. Con su anterior toro, Caballero se hizo respetar por algo parecido, aunque sin la brillantez que impidió el violento genio de su oponente.
El lo demás, sucumbió un Emilio Muñoz asustado y a la defensiva tras ordenar a los picadores que le ayudaran a matar sus ásperos toros, cosa que logró tarde en el primero, con el que no fue capaz de templar una sola vez, y a sablazo limpio con el sexto al que no quiso ver con la muleta, escuchando la bronca más grande que se ha oído en Sevilla desde hace mucho tiempo. "El Cordobés", animoso y algo entristecido porque se le iba la feria sin triunfar, pasó el trance con dignidad aunque sin resolver la dura papeleta del tercero y la más fácil del sexto, con el que tan soso como el toro.