FERIA DE SEVILLA José Antonio del Moral

CORRIDA IMPOSIBLE DE "LOS GUATELES"

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. Cuarta de feria. Tarde de viento y amenaza de lluvia con dos tercios de entrada. Seis toros de Miguel Báez, bien presentados y en su mayoría muy difíciles, salvo el cuarto que apenas duró y el sexo, único manejable.

Manuel Díaz "El Cordobés" (amapola y oro ):Pinchazo y estocada trasera, silencio. Estoconazo desprendido, palmas. Pepín Liria ( lirio y oro ):Estocada tendida trasera y dos descabellos, gran ovación. Media muy atravesada y dos descabellos, silencio.

Vicente Bejarano ( celeste y oro): Pinchazo y otro hondo con descabello, palmas. Media estocada y dos descabellos, amago de vuelta.

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Mejor sería olvidar. La tarde, además, se ennegreció en el cielo y aunque la amenaza de lluvia no se consumó, a partir del cuarto toro muchos deseamos que jarreara en abundancia para que el festejo se suspendiera en plena lidia. Sin embargo, fue precisamente en el sexto toro cuando únicamente sonó la música para amenizar una faena in-extremis de Vicente Bejarano que había entrado en el cartel sustituyendo al anunciado Vicente Barrrera, herido el día anterior durante un tentadero de "Jandilla". Oportuna cogida que privó al diestro valenciano de pasar un verdadero quinario. El mismo que debió pasar el actual dueño de esta ganadería, Miguel Báez "Litri" Jr, y los matadores que tuvieron cubrir el trance. Bejarano, decíamos, fue quien al menos tuvo mejor aunque relativa suerte con ese sexto toro, de imponentísima cuerna y no tan malas intenciones como sus hermanos. Necesitado angustiosamente de triunfar, Bejarano brindó al aburrido y ya desesperado cónclave y puso empeño en cuanto hizo, hilvanando una faenita de corte a la vez valiente, pinturero y fiel a su personalidad que apenas nos compensó de lo anterior, aunque con tan mala suerte que después de enterrar media espada en su sitio y de echarse el bichrraco, un puntillero levantó al toro y acabó con las pocas posibilidades que había tenido el muy modesto espada de la Puebla del Río.

Manuel Díaz "El Cordobés", que reaparecía aún convaleciente de dos cornadas sucesivas, anduvo a por todas y sin eco. Únicamente al iniciar su segunda faena con el cuarto toro pudo respirar Manuel pues el animal se dejó dar cinco muletazos por el lado derecho pero enseguida se paró y no hubo más que hacer.

Capítulo aparte por lo que a la emoción y al valor en grado sumo se refiere, merece el murciano Pepín Liria que, una vez más, se jugó el pellejo sin contemplaciones en sendas faenas de continuo !ay!. Avisados sus dos terroríficos enemigos, aguantó las tarascadas del segundo que incluso llegó a prenderlo por una axila poniendo a los tendidos al borde de un ataque de nervios, y sufrió las angustiosas coladas del quinto, un sobrero del mismo hierro, mientras sus peones se echaban las manos a la cabeza. Liria, pese a estar acostumbrado a esta clase de "aventuras", debió terminar desencantado. Al fin entraba en una corrida de esas que algunos listos llaman "comerciales" y a la postre tuvo que volver a su guerra de siempre y sin leyenda. Porque si estos mismo toros se hubieran anunciado a nombre de Tulio, de Palha o de Miura, al menos el público hubiera dado más importancia a cuanto pasaron los toreros.