FERIA DE SEVILLA José Antonio del Moral

ABURRIMIENTO Y OREJA TRAS LEVE COGIDA PARA

"PEDRITO DE PORTUGAL"

Sevilla. Plaza de Real Maestranza. Undécima de feria. Calor, rachas de viento y lleno total. Cinco toros de "Jandilla", incluido el sobrero que reemplazó al primero, devuelto por flojo. Fuera de tipo por altos y excesivamente pesados, menos el quinto que, por menos kilos y mejores hechuras, tuvo más nobleza y mayor duración. Los demás sin raza y parados salvo el sexto que resultó manejable en la muleta. Otro de José Ortega, vulgar y sin clase, que se corrió como sustituto del tercero, devuelto sin tanta razón que el anterior. Enrique Ponce (burdeos y oro): Pinchazo y buena estocada, silencio. Tres pinchazos hondos y seis descabellos, silencio tras algunos pitos. Pedrito de Portugual (malva y oro): Pinchazo y media estocada, silencio. Estocada caída de la que salió prendido, sufriendo un puntazo corrido en un muslo sin mayores consecuencias que el golpe. Francisco Rivera Ordóñez (verde botella y oro):

Bajonazo trasero y descabello, silencio. Estocada baja y trasera, palmas.

-------------------------------------------------------------------------------------------------------

La clásica de resaca aburrid tras los grandes días, sin que faltara la expectación por ver si a Enrique Ponce le tocaba, por fin, un toro importante en Sevilla. Nada más aparecer el primer gayumbo de "Jandilla" vimos que no. Devuelto por flojo tras cubrirse el trámite de la suerte de varas, tampoco el sobrero de la misma familia. Se paró enseguida y a la muleta llegó como petrificado. "Pedrito de Portugal" y Rivera Ordóñez empataron con Ponce en su desgracia con los dos que siguieron - el tercero un sustituto algo más potable de Ortega - y Ponce terminó su feria con el cuarto, otra vez sin suerte e inevitablemente desalentado. La poca fuerza que tuvo este último del valenciano se escapó por el agujero de un largo puyazo y, pese a la mayor nobleza que había mostrado en el capote, llegó a la faena para el arrastre. Y por si algo faltara, Ponce pinchó demasiado yéndose de vacío y disgustado por enésima vez.

Los dos toros siguientes tuvieron una historia algo más larga y fecunda aunque no para tirar cohetes. Bien hecho el quinto, acudió pronto y humillado al capote de "Pedrito" - valiente en dos faroles de rodillas, artista a la verónica e inspirado en una media de remate - y muy noble por el pitón izquierdo para la muleta. El portugués, sin duda ilusionado, brindó su faena al público y la inició bien por ayudados altos y varios naturales de largo trayecto. Pero en cuanto se echó la muleta a la mano derecha, empezó el bicho a protestar y la limpieza de la faena terminó con enganchados intentos en redondo que diluyeron todo lo anterior. No obstante, Pedrito entró a matar con fe y al tiempo de enterrar el acero salió prendido por un muslo con aspecto de haber recibido una seria cornada. Zafado de los que le llevaron al callejón, regresó cojeando y con la taleguilla hecha unos zorros mientras dobló el bicho tras larga agonía, lo que provocó una petición misericordiosa que el palco atendió para que los más sensibles no dijeran. Pedrito paseó el regalo arrastrando la pierna y pasó a la enfermería de donde salió tan campante cuando Rivera daba fin a la faena del sexto, con lo que la posible gravedad del percance quedó desmentida y el dispendio presidencial en franco descrédito.

El sexto toro fue más fuerte y el "jandilla" que más duró. Sin clase pero manejable y claro por el lado derecho, Rivera se hartó de darle banderazos desde las afueras y hasta escuchó música. Pero igual que en su toro anterior, dejó la espada en los bajos y lo que iba para segundo regalo de la tarde, quedó en tibia ovación.