LA RESACA José Antonio del Moral
ARTE Y TEMERIDAD
La cornada de Morante le ha dolido a todo el mundo. Sin sufrir el dolor físico que conllevan las heridas a los que las padecen, cuando un torero con tanto arte y tanto futuro cae tan inoportunamente, a los aficionados se nos revuelven las entrañas. De lo que es y está haciendo Morante venimos escribiendo desde que le vimos matar seis becerros de Manolo González en Constantina: que iba a ser figura del toreo y que había revitalizado el tópico "torea como los propios ángeles", haciéndolo real. Sin embargo, una figura del toreo en ejercicio de tal responsabilidad, consigo mismo y con sus compromisos, debería reflexionar sobre la distancia que hay entre el valor y la temeridad. Ejemplo de lo primero fue su doblemente premiada faena de anteayer, pues sometió antes de gustarse sin dejar de hacer nunca ambas cosas, porque Morante posee el "don" y cualquier gesto le sale del alma, aunque sea un simple tanteo para descubrir las intenciones de lo que tiene enfrente. Y después, qué.
Que llevado, sin duda, por su celo en redondear su triunfo con un sobrero que desde que apareció por la puerta de chiqueros todo lo que hizo fue cantar un presagio de cornada, Morante traspasó imprudentemente la raya que separa el conocimiento de la temeridad y, sin contemplaciones de ninguna clase, inició la faena en unos terrenos nada convenientes a las querencias del toro y con una suerte inapropiada a sus condiciones. Todo lo bonita, todo lo emocionante, todo lo "añorante, todo lo que ustedes quieran, pero inapropiada. Sé muy bien que esta actitud de incontrolable "locura" es una de las que más alimentan la morbosa grandeza de la fiesta. Pero también sé que, salvo muy raras excepciones y ojalá que Morante sea una de ellas, los percances que se repiten contra la razón suelen conducir al desaliento. Y preferiría equivocarme.
Morante tiene ya probado su particular valor aunque todavía se habla de que no le sobra. Si así fuera, ¿por qué no dar más espacio a la razón antes de que la sinrazón empiece a minar el ánimo?. Salvo Antonio Ordóñez, que fue el torero que más faenas cuajó estando gravemente herido; y en otra medida, Diego Puerta, que como dijo Cesar Jalón siempre "unió su pinturería a un cráter volcánico", todos los toreros naturalmente dotados de gracia que empezaron mezclando el arte con la temeridad terminaron siendo grandes artistas a costa de perder regularidad, continuidad y mando. Y Morante ha nacido para mandar durante largo tiempo, no para que le manden a la enfermería malherido tan frecuentemente.