LA RESACA José Antonio del Moral

REVOLUCIÓN TRASCENDENTAL

Aunque ya lo han apuntado las crónicas, ese rizar el rizo de Pablo Hermoso de Mendoza del lunes en el que, increíblemente, se superó a sí mismo - a su faena del rabo del año pasado en Sevilla, a la del otro rabo de hace poco más de tres meses en la Monumental de México e, incluso, a la maravillosa primera de anteayer - confirmó la revolución que ha impuesto el prodigioso navarro en el toreo a caballo: hacerlo sobre un equino como si fuera a pie y, encima, lograrlo con improvisada inspiración, con rotundidad sutil, con milagrosa precisión y con tan rara perfección que no sería extraño se convierta pronto en la estrella universal de un grandioso espectáculo - ya lo es dentro del ambiente taurino - que podría irrumpir en el circuito de los más grandes escenarios del mundo ajenos a la fiesta brava: Ya lo veo anunciado en el Astródromo de Huston, en el Madison Squard Garden de New-York, en Londres, en París y hasta en la Conchinchina. Lo más seguro es que algunos empresarios extranjeros lo habrán visto por televisión, a la que afortunadamente y, por cierto, no hizo ascos Hermoso de Mendoza cuando su recién apoderado intentó meterlo en el ridículo veto que ha dejado a sus otros dos toreros fuera de las ferias más comprometidas de la temporada y apartados de la gran competición en la que cualquier figura que se precie está obligado a participar sin remilgos si quiere serlo de verdad. Competición que no rehuyeron el portugués Joao Moura y el jerezano Fermín Bohóquez, ambos a la altura de las difíciles por no decir imposibles circunstancias que provocó Hermoso en la afiligranada lidia del tercer toro, obligándoles a remedar en lo posible lo que acababan de ver y a superar lo bueno que ellos mismos hicieron con las reses de apertura.

La revolución de Mendoza, pues, no quedaría en su influencia sobre comportamiento y el estilo de los rejoneadores que alternen con él o que a partir de ahora aparezcan, sino en la trascendencia de nuestra fiesta en los confines que la desconocen, lo que siempre tendríamos que agradecerle y, por supuesto, al haber elevado el rango del toreo a caballo hasta grados de arte mayor como en su día lo consiguió respecto a sus antecesores don Alvaro Domecq a quien Hermoso brindó uno de sus pares en un gesto más que simbólico de su histórica tarde.