LA RESACA José Antonio del Moral

EL TRIUNFO DE UN FORÁNEO

A la contundencia en el triunfo cuando se logra en una plaza tan señera e importante como la de Sevilla, en nuestro mundillo se la llama "romper". Eugenio de Mora, contra pronóstico de los que le creían atrapado en ese grupo de toreros que apuntan con futuro y no consiguen alcanzar la cima, "rompió" en el sentido más estrictamente profesional del término y, desde luego, por encima de la discusión que siguió a la corrida de su éxito. La de siempre cuando en La Maestranza triunfa un torero foráneo y algunos se apresuraron a decir que aquí no le piden el carnet de identidad a nadie. Algo que es cierto, aunque solo en parte. Si lo que hizo el para muchos desconocido torero de Mora de Toledo lo hubiera hecho un diestro de Lora del Río, pongo por caso, habría salido por la Puerta del Príncipe. ¿O no?.

Sin embargo y, aparte discusiones tópicas, se hizo justicia. Las dos orejas que cortó Eugenio de Mora fueron ganadas a ley y cuanto las propiciaron le será tenido en cuenta para su definitivo lanzamiento. Orejas que, seguro, habrán sentido como afrenta los sectores ultras de la afición de Madrid. Lo podremos comprobar cuando el toledano actúe en el próximo ciclo isidril y padezca la enemiga de un público que suele negar a lo mejores como bien saben todos los que llegan a Las Ventas tras el refrendo triunfal de la plaza más respetuosa y exigente del mundo.

No obstante las inevitables cábalas sobre lo que hubiera ocurrido de haber fulminado a los dos toros con sendas estocadas sin defectos y, sobre todo, de haber prolongado la faena a su primer toro con una tanda más de naturales, De Mora se reveló en ambas obras como un muletero de excepción. La tranquila por firme naturalidad y el temple inexcusable fueron las dos armas que permitieron acrecentar la nobleza de dos toros que a muchos no gustaron en los prolegómenos de su lidia. Uno por débil y otro por manso ante el caballo, fueron equivocadamente juzgados con precipitación hasta que Eugenio, por ahora el último alumno de Pablo Lozano, se aplicó en los consejos que nunca se cansó de repetir el veterano y prestigioso experto a cuantos se pusieron en sus manos: "Cada vez que un torero se deja enganchar el capote o la muleta, debería sentir el mismo daño que si le pegaran una bofetada". Muchas recibió, sin ir más lejos y en la misma corrida, ese otro torero que tanto gusta en los sectores más influyentes de la afición de Madrid y que no acaba de "romper", precisamente por falta de firmeza y de temple, José Ignacio Uceda Leal.