LA RESACA José Antonio del Moral

COMIENZA EL CALVARIO DE "EL JULI"

La muy discutida por terciada y "bonita" corrida de "Zalduendo" fue el exagerado reverso de la lidiada el día anterior - este año ha ganado con mucho Juan Pedro a sus hermanos - pero en absoluto merecedora de la brutal descalificación que ha recibido de los que llevan poco tiempo viendo toros en Sevilla y, sin irnos tan lejos, el año pasado se volvieron locos con Curro Romero en una corrida tan pequeña o más. Así eran los toros de los años 50, de los 60 y de parte de los 70 ( tiempos de los Dominguín, Pepe Luis, Ordóñez, Puerta, Camino, El Viti, El Cordobés…) y nadie se rasgaba las vestiduras. Claro que, en una corrida como la ahora vilipendiada, cualquiera de los que he nombrado hubiera cortado orejas a pares. Y aún más: si en vez de haber alternado "El Juli" con dos toreros tan limitados como Mora y "Pedrito" lo hubiera hecho, por ejemplo, con Morante y Ponce, el fenómeno habría salido escaldado. Porque, señores, vamos a dejarnos de cuentos. El primero fue posible; el segundo de escándalo gordo; el tercero, de no haber recibido una lidia tan larga y costosa, hubiera dado juego en la muleta; el muy huidizo cuarto, toreado en los terrenos donde siempre quiso ir, otro tanto o más; el más débil quinto, con adecuado temple, también; y el sexto para la muleta, no digamos. Sea como fuere y, aparte la algarabía que provocó Julián López durante los dos primeros tercios del tercer toro y en el comienzo de su faena hasta que el bicho se agotó, anteayer asistimos al primer acto del precoz calvario que le espera. Precocidad que corresponde exactamente a la que mostró desde que tomó la alternativa en Nimes, siendo entonces proclamado figurón - antes de serlo - por algunos que ahora critican lo mucho que le cuidan y lo vulgar que es con la muleta.

Las precipitaciones siempre fueron peligrosas por lo casi imposible que supone mantenerse en una cima tan tempranamente escalada. Los que hemos visto a "El Juli" en todas las plazas del mundo, sabemos de lo que es capaz pese a las carencias y defectos que ha de corregir con la experiencia para compensar la progresiva perdida del apoyo incondicional que ha disfrutado y empieza a faltarle. Todos los toreros carismáticos tuvieron que pasar por parecidas circunstancias y sólo se consagraron los que los superaron la creciente exigencia del público. Será entonces el momento de juzgarle y de situarle en el lugar que le corresponda.