LA RESACA José Antonio del Moral
DESALIENTO Y UNA OREJA MISERICORDIOSA
Corridas como la de "Jandilla" de anteayer hemos padecido muchas y volveremos a sufrirlas mientras continúe la imparable demanda de festejos. Lo que no fue de recibo es que tuviera que lidiarse en La Maestranza. Si la hubiéramos visto en Logroño, pongo por caso, habríamos dicho: !Cómo tragan estos!. Aquí nos quedamos estupefactos. Caballuna, sobrepesada, zancuda, pezuñona, con la excepción del quinto que saltó cumpliendo el refrán y marcó la diferencia entre lo que debería ser y lo que no hay que admitir nunca en una plaza como esta. Cuando los veterinarios de Sevilla desechen una corrida por grandullona y fuera de tipo les invitaré a comer. Lo más extraño, sin embargo, es que Ponce y Morante se anunciaran para matarla en esta feria. ¿ La habían visto sus mentores en el campo?. Y, a propósito, ¿ cómo son los "jandillas" de Pamplona que en los Sanfermines también lidiará Ponce ?.
Claro que, a veces, alguno de estos jamelgos de bravo se equivocan y, al menos, se mueven. Como el que cerró la fatídica tarde sin que Rivera lograra arreglar el fiasco del que solo se libró el sustituto "Pedrito de Portugal" con la intrascendente por misericordiosa oreja que cortó a cuenta de la cogida que sufrió al entrar a matar tras desaprovechar la oportunidad que le brindó el único "jandilla" que hizo honor a su estirpe.
En consecuencia, ni esta oreja ni la periférica y distante faena de Rivera paliaron el desaliento que inundó el ambiente. También contagió a Ponce en el postrer momento de liquidar el último toro de otra feria de Sevilla sin la más mínima suerte con los toros. En esta ocasión, notoria en los gestos del torero desde que hizo el paseo con indisimulado disgusto a sabiendas de lo que había en los corrales. La infalibilidad de Enrique Ponce tiene dos límites: los toros que se derrumban y los que se paran. En esta su décima feria del 2000, se le pararon cinco y solo se le movió uno con peligro.
Los nuevos empresarios de La Maestranza le deben una compensación por las renuncias y favores que ha hecho aceptando los caprichos de otros toreros con el señorial desprendimiento que le caracteriza.