LA RESACA José Antonio del Moral
VULGARIDAD, SANGRE, EMOCIÓN Y UNA FAENA ROTUNDA
Dicen los de la taquilla que las devoluciones de los abonados carecen de importancia. El papel que entra sale vendido de inmediato. La popularidad de la feria permite cualquier cambio y aumentan los beneficios de la empresa. Pero tanta demanda repercute para mal en el ambiente del tendido y, en la Maestranza de estos días, casi "nadie conoce a nadie". Como en la película de marras... Irreconocible, desde luego, el vulgar comportamiento colectivo de una plaza que siempre respiró al unísono y, por desgracia, empieza a parecer otra cualquiera. No hay matices. Se aplaude o se pita sin conocimiento y no se aprecian las dificultades ni las virtudes "sordas" de los toros. El aluvión de espectadores no aficionados es tal, que solo cuando lo que sucede es realmente trágico, emocionante o importante, se recobran la unanimidad, las seriedad y el equilibrio. Esta fue la resaca de la novena de feria y así la traducimos:
La espeluznante cogida de Emilio Muñoz por un toro encastado que no dominó antes de "ponerse", sucedió en un trance que siempre termina en susto o en desgracia: la falta de sitio casa mal con la disposición incontrolada. Lo siento por lo gran artista que es Muñoz - su faena del año pasado con toro de "Zalduendo" le llevo en el alma - y, sobre todo, por el amigo tantas veces castigado. A estas alturas de su carrera y de su vida, esta cornada será más costosa que las anteriores.
Ver a Francisco Rivera de rodillas para dar una larga cambiada a porta gayola, me llevó a la imborrable memoria de su padre. "Paquirri" se puso allí todas las tardes y en todos los toros durante cinco años seguidos hasta que un "torrestrella" reventó allí su portentosa maestría. Inevitable, pues, la emoción por el recuerdo y por la peligrosa suerte que Francisco consumó para bien tras esperar impávido, mientras se eternizaban angustiosos los segundos, a que el toro saliera al paso e incierto.
Y la rotunda faena de Eduardo Dávila Miura. Inapelable respuesta a la injusta contratación que había sufrido después de cuajar una feria triunfal el año pasado. A la altura del gran toro de Cuvillo, aprovechó la oportunidad por todo lo alto y dejó un claro mensaje: el año que vienen no quiero venir de sustituto.