FERIA DE SEVILLA José Antonio del Moral
MORANTE DE LA PUEBLA AL BORDE DEL TRIUNFO CON EL ÚNICO TORO POTABLE DE UN PÉSIMO ENCIERRO DE JOSÉ LUIS PEREDA
Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. Primera de feria. Tarde radiante y lleno total. Seis toros de José Luis Pereda, incluido el sobrero que sustituyó al sexto, devuelto por caerse descordinado de movimientos. Bien presentados salvo los dos últimos por anovillados y de mal juego en distintos grados de fuerza salvo el último, que embistió franco aunque con violencia por el lado derecho. Curro Romero (turrón y oro): Estocada delantera, palmitas. Pinchazo tendido sin soltar a paso de banderillas y dos descabellos, silencio tras leves pitos. Enrique Ponce (grana y oro): Estocada y cuatro descabellos, silencio. Pinchazo muy hondo y descabello, silencio. Morante de la Puebla (terciopelo granate y oro): Pinchazo y estocada caída, silencio. Dos pinchazos y estocada, vuelta al ruedo.
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La única resaca que teníamos antes de comenzar esta feria maestrante del 2000 era la impresión de siempre sobre cómo se habían comportado los toreros y los toros de la ganadería anunciados hasta la fecha mítica del este año tardío Domingo de Resurrección. De las reses de don José Luis Pereda guardábamos el recuerdo de su bonita y excelente corrida lidiada en Huelva cuando alboreaba el primer ciclo del nuevo milenio y de otro lote con bastante menor rango que se corrió en las Fallas. Esperábamos que embistieran al menos tres toros como los que vimos en la tierra donde pastan y que en el sorteo le hubieran correspondido uno de ellos a cada matador. Pero a la postre tuvimos que soportar un pésimo y disparejo lote apenas compensado con el sobrero que cerró plaza, único de posible lucimiento. En los corrillos de la Puerta del Príncipe se comentaba a la salida que los toros del señor Pereda no repetirán más tardes de resurrección.
La gente ansiaba ver a Curro Romero más acorde con de lo que hizo el año pasado al toro de Juan Pedro Domecq que con su alegremente premiada actuación en el estreno del "Palacio de Vistalegre", exageradamente celebrada por sus eternamente fieles y, en cualquier caso, por la feliz recuperación del "herpes" que tanto ha molestado al "faraón". Pero ayer no pudo mostrarse en su mejor versión sevillana ni tampoco en la reciente madrileña porque su débil primero, el más noble del envió, solo tuvo fuerza para embestir en el recibo de capa, solitario momento en el que Curro pudo sentirse y estirarse. Al fuerte y encampanado cuarto se lo mataron en varas antes del habitual sainete que nadie tomó en cuenta.
Otro de los interrogantes de esta corrida se centraba en cómo recibiría la Maestranza a Enrique Ponce tras su indiscutible aunque por algunos discutida salida por la Puerta del Príncipe del pasado San Miguel. Presumíamos que con mejor talante y con más respeto general que anteriormente pese al displicente silencio que en determinados tendidos de sombra le acompañarán en Sevilla de por vida. Acertamos de pleno. Pero, ¿cómo estaba el valenciano a los diez años de su alternativa y en el noveno de mandato?. Como le habían visto muchos por televisión, porque a él no le importó nunca multiplicarse en la pequeña pantalla: con su afición y maestría intactos e inseguro con esa espada que tanto brilló aquí en sus últimas comparecencias. A la postre y con dos toros parados, el segundo con peligro y el quinto totalmente desrazado, Ponce no tuvo oportunidad de evidenciar su sapiencia y poderío mientras acertaba más que otras veces a la hora de matar. No obstante, a Ponce le jalearon sus dibujados y templados lances de recibo al cuarto antes de que el bicho se viniera abajo por completo.
Finalmente, el "delfín" de la Puebla, ya dueño y señor en las más recientes preferencias artísticas de los aficionados, no se le notó el lógico "mosqueo" después de su gravísimo percance, certificó con creces sus cualidades de excepcional orfebre capotero en sucesivas y sabrosas intervenciones tanto en sus toros como en los quites que llevó a cabo en los dos toros de Ponce y, sobre todo, anunció el afianzamiento de su valor en la faena de muleta del sobrero. Labor en la que Morante sobresalió con una derecha más eficaz que dulce porque el toro tampoco lo era y con no poco mérito al insistir al natural a sabiendas de que el toro le podría haber herido en esa suerte zurda por donde fue avisado repetidamente. Perdió una oreja o quizá dos por pinchar.
Buenos días Antonio. Fiasco casi total en la primera gran cita de Sevilla por el mal juego de la corrida de José Luis Pereda, apenas salvada por un sobrero con el que Morante de la Puebla estuvo a punto de triunfar de no haber pinchado su valiente faena. Muy bien e inspirado de capa Morante a lo largo del festejo en el que naufragó Curro y no pudo lucir Ponce frente a dos toros parados por completo.